Viajar / Travel


Siempre Viajar


Yo estaría siempre viajando y en cuanto puedo me muevo hacia alguna parte para conocer nuevos lugares, nuevas formas de pensar. Necesito a menudo cambiar de perspectiva, creerme ciudadana, indígena, nacida en otro lugar, con una nueva identidad, como partiendo de cero, y convertir las calles, los espacios nuevos, las costumbres, las lenguas, las gentes en parte de una cotidianidad breve, en parte inventada. Hay lugares en los que he estado, lejos de mi casa, en que me he sentido como en casa, me han sido extrañamente familiares. Lugares que siempre pensé que me serían ajenos: Casablanca, el barrio Greenwich de Nueva York, la ciudad de Qufu en China, la ciudad de Nizny Novgorod en Rusia…Quizás tenga que ver el hecho de haber interactuado llanamente con sus gentes, personas con las que he conectado de inmediato y con las que hablaría durante horas, a causa de una curiosidad mutua con las que no queda más remedio que hablar de tú a tú, ya que cualquier referencia o prejuicio sobre la clase social, profesional o personal más inmediata queda diluida. Se impone la necesidad de comunicarse y un encuentro casual se convierte en un acontecimiento digno de recordar. Recuerdo la mujer romana que me encontré en Trastevere y me invitó a su casa a comer spaghetti a lla rabiatta, el viaje de 15 horas en un tren hacia el sur de China mirando El Padrino en el portátil de un chico chino amabilísimo y comiendo fideos picantes, la noche de karaoke con tres ingenieros rusos divertidísimos, la encantadora señora irlandesa que conocimos en una estación de Belfast y nos acogió en su casa durante cuatro dias ya que todos los hoteles estaban llenos ( corría el año 95,se había anunciado una larga tregua del IRA en Irlanda del Norte, lugar en el que los mismísimos irlandeses nos advirtieron como peligrosísimo por aquel entonces y a todo el mundo se le había ocurrido celebrarlo “in situ”), los pescadores senegaleses que nos invitaron a su casa construida en un árbol y nos cocinaron carpa con patatas…No son personas mejores que las que viven aquí, desde luego,puede que sea yo la que me vuelva mejor cuando viajo, pero si es cierto que en nuestro día a día somos recelosos, poco comunicativos, un tanto apáticos…Será que la rutina embota el cerebro. Por eso, me consuela viajar cada día en tren a mi lugar de trabajo, y con la música de mis auriculares y un buen libro puedo revivir algunos momentos de viajes más emocionantes. El sentarse al lado de la ventana es un detalle esencial y el llevar el termo de té caliente lo mejora, y como no es posible siempre viajar a lugares lejanos, un buen libro es un buen sustituto. Como viajar es moverse, y el tren, mi forma de transporte preferida, de momento, me conformo

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Estación Porto Príncipe en Génova


No sabría decir porque me gustan tanto las estaciones de tren, ni porque me siento tan cómoda en ellas. Supongo que me gusta esa sensación de temporalidad y de lugar de paso en que nada es definitivo.

La incertidumbre de la llegada de la máquina, a veces tan fastidiosa en nuestra vida cotidiana, en vacaciones se presenta como un momento lleno de promesas y de estar fuera del tiempo. Mis mejores amigos los he hecho dentro de un tren, en conversaciones que aparentemente no llevan a ningún sitio. No es la primera vez que me equivoco de tren y tengo que volver a recorrer el camino ya hecho y volver a coger otro . Eso me ocurrió hace poco cuando confundí Genève (Ginebra) con la Génova italiana. Reaccioné al cabo de hora y media al descubrir por la ventanilla que no era un paisaje soleado y porteño lo que veía sino los brumosos paisajes alpinos. Pero nunca me he arrepentido al equivocarme de trayecto. Tantas veces en la vida tenemos que volver para atrás porque no tomamos conciencia del viaje sino del destino.

Estación de Porto Príncipe en Génova