Pescadores de Dakar


Durante mi viaje a Senegal registré con mi cámara breves momentos que me sirven como memoria y que me gusta compartir. Este fragmento documental es un encuentro de diversas personas a la orilla de la playa de Yoff en Dakar. Pescadores, clientes que compran pescado, niños y hombres que construyen sus barcas.

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Sol Negro


Sol negroSol negro

Este Sol no es como ninguno de esos otros Soles
No está en el Cielo
Ni en el Mar
No se levanta
Ni se esconde
Viene
Viene de lo más profundo
De Mí
De nosotros
Y no hay Eclipse que lo cubra
Ni Noche que derribe
Su marcha
Mi sol es una diosa, una mujer, una niña
Y no mira nada
Sino que marcha
Viene vestido de desorden
Para poner en orden el corazón de los hombres.

Bocar Diong (poeta senegalés)

 

Los niños de Joal-Fadiouth


 

Paseando por Joal-Fadiouth nos topamos con los niños del pueblo que se sienten atraídos por la cámara de fotos como moscas a la miel. Entonces, los enfocas y huyen despavoridos.Éste pueblo de Senegal no es un pueblo olvidado. En Joal nació el poeta Leópold Sédar Senghor, apóstol de la negritud y el primer presidente de la República de Senegal y hay un patrimonio arquitectónico importante, aunque en muy mal estado. En un país mayoritariamente musulmán, es importante apreciar que en la isla de Fadiouth el 90% de los habitantes son cristianos. En muchos lugares de Senegal musulmanes y cristianos viven en perfecta armonía, aunque esas no son noticias interesantes que lleguen a Europa. Es un destino perfecto para quitarse los prejuicios culturales y demás. Están demasiado ocupados viviendo al día.

Hacia Tambacounda


Hacia Tambacounda

Nos metemos en una camioneta después de oír a unos cuantos hombres gritar: ¡Tambacounda! ¡Tambaaaacoooounda!

Nos sentamos en los bancos laterales, apretados unos contra otros, cerca de las puertas traseras. Solo entrar ya estamos sudando. Las gotas de sudor nos caen desde la frente al suelo, casi se puede oír el sonido del goteo. Solo nos esperan cinco horas de viaje (ja, ja,ja). Pasamos diferentes controles por la carretera. Se acercan policías que parecen esperar algo después de observarnos. El chófer baja, se dirige siempre a la caseta y intercambia unos papeles, que no es dinero, pero todo y así resulta de lo más sospechoso. Una niña, de unos seis años, no nos quita el ojo de encima. Nos observa de arriba a abajo. Le sonreímos y Raquel le construye un elefante de papiroflexia, que ella coge cuidadosamente y lo tiene en la mano durante todo el viaje. El calor es insoportable y el aire de la ventanilla es como tener un secador enorme sobre nuestras cabezas. Hacemos muchas paradas. Bajan unos y suben otros, y siempre son más los que suben. Cargan carbón y cabras atadas por las patas en la baca del vehículo. Entre los baches enormes de la carretera y el sobrepeso, parece que vayamos a tumbar. Como llevamos ya cuatro horas nos ponemos a cantar. La gente nos sonríe con curiosidad y con miradas un poco compasivas. El hombre del birrete musulmán sentado al lado del chófer se gira y nos dice sentencioso: – Durante el Ramadán, ¡no se canta!. Al cabo de seis larguísimas horas llegamos a Tambacounda.

Querido Hermano Blanco


 

Querido hermano blanco,

cuando yo nací, era negro,
cuando crecí, era negro,
cuando estoy al sol, soy negro,
cuando estoy enfermo, soy negro,
cuando muera, seré negro.
En tanto que tú, hombre blanco
cuando tú naciste, eras rosa,
cuando creciste, eras blanco,
cuando te pones al sol, eres rojo
cuando tienes frío, eres azul
cuando tienes miedo, te pones verde,
cuando estás enfermo, eres amarillo,
cuando mueras, serás gris.

Así pues, de nosotros dos,
¿quién es el hombre de color?

Léopold Sédar Senghor

 

Niñas Bedic


Imagen

Como no teniamos dinero para el “4×4” decidimos viajar a país Bassari en motocicleta. Después de llegar desde Kédougou hasta el campamento de Didenfelo, nos dirigimos desde el pueblo de Ibel hacia un poblado situado sobre una montaña. Este poblado es conocido con el nombre de Iwol y parece ser que no fué hasta 1995 cuando sus habitantes vieron por primera vez a un hombre blanco. Los niños entonces huyeron despavoridos; hoy nos reciben con los brazos abiertos. Tardamos una hora y media en subir y cuando estábamos a punto de llegar al poblado, como por arte de magia, aparecieron varias mujeres bedic de detrás de los árboles. Nos sonreían y observaban curiosas dándonos la bienvenida. Oímos cánticos a lo lejos, y descubrimos las chozas humeantes un poco más allá. Las mujeres del poblado estaban celebrando una fiesta de iniciación. Era todo un espéctáculo de ritmo y color, que continuó hasta el día siguiente. Nos unimos a ellas y pasamos a ser nosotros el foco de atención y causa inevitable de bromas y risas.