El Jardín Secreto / The Secret Garden


El Jardín Secreto

Hacia el sur de Central Park en la ciudad de Nueva York, se encuentra esta fuente llamada “El Jardín Secreto” . Representa a dos niños, Mary y Dick, personajes del libro de Frances Hodgson Burnett. Un libro entrañable que explica cosas tan sencillas como extraordinarias:

“Desde el principio de todos los tiempos, durante todos los siglos, se han descubierto cosas maravillosas. El siglo pasado se descubrieron muchas más cosas sorprendentes que en el siglo anterior. En este nuevo siglo cientos de cosas aún más extraordinarias saldrán a la luz. Al principio la gente se niega a creer que puedan hacerse cosas nuevas y extrañas, luego empiezan a tener la esperanza de que no sean posibles, después ven que sí se pueden hacer… y luego ven que ya están hechas y el mundo se pregunta por qué no se hizo hace siglos. Una de las cosas  nuevas que la gente empezó a descubrir el siglo pasado fue que los pensamientos (sólo simples pensamientos) eran tan poderosos como las pilas eléctricas, tan buenos para uno como la misma luz del sol, o tan  malos como el propio veneno. Permitir que un pensamiento triste o malo penetre en la mente es tan peligroso como dejar que un microbio de escarlatina entre en tu cuerpo. Y si se permite que se quede allí una vez ha entrado, es posible que nunca nos podamos librar de él en todos los años de nuestra vida.

Mientras la mente de la señorita Mary estuvo llena  de pensamientos desagradables sobre lo que no l e gustaba y de agrias opiniones sobre la gente, y se obstinó en no ser complacida por nada o en no interesarse en algo, fue una niña de piel de color de cera, enfermiza, aburrida y desgraciada. Las circunstancias, no obstante, le habían sido favorables aunque no se diera cuenta.

Empezaron a empujarla hacia su propio beneficio. Cuando se le fue llenando la mente de petirrojos y casitas del páramo llenas de niños, de viejos y agriados jardineros, de vulgares criadas de Yorkshire, de la llegada de la primavera y de jardines secretos que revivían día tras día, y del chico del páramo y sus criaturas, ya no quedaba sitio para aquellos pensamientos malos que le afectaban el hígado y le desarreglaban  la digestión, le daban aquel color amarillo a la cara y le hacían sentirse cansada.

Y mientras Colin, pues… mientras se ocultó en su habitación pensando sólo en sus temores y debilidades, en su odio hacia la gente que le miraba, y pensaba cada hora en bultos en la espalda y muertes prematuras, no fue más que un chico hipocondríaco, histérico y algo loco, que desconocía el sol y la primavera, y que tampoco sabía que podía ponerse bueno y aguantarse con sus pies si lo intentaba. Cuando los pensamientos nuevos y agradables empezaron a desplazar a los anteriores, horribles y antiguos, la vida volvió a él, y la sangre empezó a correrle sanamente por las venas y la fuerza penetró en él como un torrente. Su experimento científico fue bastante práctico y sencillo, y no tenía nada de extraño.

Cosas mucho más sorprendentes le pueden suceder a alguien que, cuando un pensamiento desagradable o descorazonador penetra en su mente, tiene el buen juicio de acordarse a tiempo y echarlo fuera, sutituyéndolo por otro agradable y decididamente valeroso. Dos cosas no pueden estar en un mismo lugar:

Donde plantes una rosa, hijo mío,
no podrá crecer un cardo […]”

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Si, después que yo muera, se quisiera escribir mi biografía…


Si después que yo muera, se quisiera escribir mi biografía...

Si, después que yo muera, se quisiera escribir mi biografía,
Nada sería más simple.
Exactamente poseo dos fechas -la de mi nacimiento

y  la de muerte.
Entre una y otra todos los días me
pertenecen.

 

Soy fácil de describir.
He vivido como un loco.
He amado a las cosas sin ningún sentimentalismo.
Nunca tuve un deseo que no pudiera colmar, pues nunca anduve ciego.
Incluso escuchar para mí fué nada más que un complemento del ver.
Comprendí que las cosas son reales y totalmente diferentes una de otra:
Lo comprendí con los ojos, jamás con el pensamiento.
Comprenderlo con el pensamiento hubiera sido encontrarlas
todas iguales.

Un día me sentí dormido como un niño.
Cerré los ojos y dormí.
Y, a propósito, yo era el único poeta de la Naturaleza.

 

Fernando Pessoa

 

 

 

 

 

Coney Island


Coney Island

Coney Island es la parte más populachera de Nueva York.  Supera todas las expectativas que uno se hace al ver Dias de Radio de Woody Allen y descubre toda la América interracial mezclada con agua de mar, nubes de azúcar y la famosa feria de estilo un tanto decadente.

Central Park


Central Park vacío es un lugar ideal para meditar. Me preguntaba donde estaban los miles de neoyorquinos que abarrotan la ciudad de dia noche, haga calor o frio, sea primavera o invierno.

¿Estaría en un sueño al poder disfrutar en soledad de este paisaje mítico de mi adolescencia? La compañia de los árboles y un buen libro. Pocos momentos pueden superar eso.

 
Central Park

New York Public Library


Biblioteca Pública de Nueva York

En la Biblioteca Pública de Nueva York hay una frase de John Milton en la entrada “Un buen libro es preciosa sangre de la vida de un espíritu magistral, embalsamado y atesorado con la intención de dar vida más allá de la vida”. La verdad es que la frasecita se las trae, pero cuando entras en esta biblioteca crees que no puede haber frase mejor, porque al traspasar el umbral parece que te transportas a otra época y a otro mundo. Reina el silencio más absoluto, solo se oye a veces el rechinar de la madera vieja y el carraspeo inevitable pero discreto de algún estudiante concentrado. Aunque todo sugiere devoción y respeto por este templo, no es oro todo lo que reluce, hay quien no se escapa de salir inmortalizado en la imagen haciendo “burillas” o con cara de aburrimiento mortal. Pero las lámparas doradas, los ventanales y esa atmósfera celestial del techo hace que uno piense que han construido esta biblioteca inspirándose en otra cita:

Siempre imaginé que el Paraíso sería algún tipo de biblioteca” (Jorge Luis Borges)

 

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Boa en Battery Park


Caminando por Battery Park uno puede encontrarse con una boa y su dueño. Y es que todo el mundo tiene derecho a que le de un poco el aire.

Por suerte, las serpientes no tienen mucho sentido del oído y supongo que no oyó el “click”. Pero desde luego el animalito infundía respeto al igual que esa poderosa calva negra que parece acariciar.

No hay nada como tener una cariñosa mascota y un domingo cualquiera para pasear.

 

 

Boa en Battery Park
Boa en Battery Park