Mis fotos en un video (Marta Clarà PHOTOS)


“El fotógrafo representa una versión armada del paseante solitario que explora, que acecha, que cruza el infierno urbano, el caminante” vouyerista” que descubre la ciudad como un paisaje de extremos voluptuosos. Es maestro en el gozo de observar”
Susan Sontag

Puesto en el mercado musulmán, Xi’an


Puesto del mercado musulmán, Xian

Deambulé curiosa por las calles del mercado musulmán. Todos aquellos puestos de comida, ofrecían deliciosos manjares que no sabía nombrar. Pastelillos rellenos y pinchos de carne blanca, pasta húmeda de cenefas trenzadas, bolas rebozadas que brillaban a contraluz. El calor de los fogones y el olor intenso a manjares exóticos me acompañaban. Y yo me volvía más y más golosa a cada paso. No renuncié a nada. El té verde de hojas flotantes me aguardaba a la vuelta de la esquina.

Los encuentros de Arles


Esta fotografía la tomé al pasar por Arles en el verano del 2010 y me encontré con “Les Rencontres d’Arles” un festival de fotografía que se celebra cada verano en La Camarga, donde se pueden visitar unas 60 exposiciones de reputados fotógrafos y de aficionados. Me llamó especialmente la atención la obra de Ernst Haas, pionero del color y de Hans Peter Feldman, que trabaja con archivos fotográficos. La pequeña ciudad de Arles repleta de imágenes en las galerías y en las paredes de las calles, hace partícipes a ciudadanos profanos y a camarógrafos empedernidos. Toda una experiencia que vale tener en cuenta para todo aquel que ama la fotografía y el mundo de la imagen.

Los encuentros de Arles

Etna


Me acerqué al volcán Etna en Sicilia sin tenerlo previsto. Me vi arrastrada por el plan de otros y hice muchas fotografías para compensar que mi cabeza estaba en otro sitio.

Peligro de congelación. Coche, autobús, teleférico y 4X4. Demasiado bonito para apreciarlo al final de un viaje ajetreado. Ahora tendré que volver. Volviendo a ver esta foto, me doy cuenta que es más bonito de lo que me pareció al estar allí.

El volcán Etna

Roma


Cuando estuve en Roma, me encontraba insistentemente con este rincón, hasta que decidí hacer una foto.

Está sin duda lejos de parecerse a la Roma monumental, pero de esta puerta parece que vaya a salir una despeinada Ana Magnani o una Sofia Loren vestida con un viejo vestido de dos tallas menos. Estas dos puertas están encajonadas en una esquina. La calle es silenciosa y sombría, pero solo hace falta caminar dos minutos y te encuentras con el bullicio y la alegria de la Plaza Navona.

Dos puertas de Roma

Dos puertas de Roma

Boa en Battery Park


Caminando por Battery Park uno puede encontrarse con una boa y su dueño. Y es que todo el mundo tiene derecho a que le de un poco el aire.

Por suerte, las serpientes no tienen mucho sentido del oído y supongo que no oyó el “click”. Pero desde luego el animalito infundía respeto al igual que esa poderosa calva negra que parece acariciar.

No hay nada como tener una cariñosa mascota y un domingo cualquiera para pasear.

 

 

Boa en Battery Park
Boa en Battery Park

 

Hospital de Muñecas en Nápoles


Hospital de Muñecas
Hospital de Muñecas en Nápoles

En una de las ciudades más caóticas y mugrientas del mundo, el viejo Nápoles,  se pueden encontrar obras de arte de Caravaggio en iglesias oscuras, castillos medievales con historias a medio contar o unas catacumbas con restos de mártires, utilizada como refugio en la II Guerra Mundial. También es una obra de arte la pizza Margherita que se inventó en esta ciudad y se dedicó al honor de Margarita de Saboya: tomate, fresco rallado, mozzarella, albahaca y aceite de oliva (reproduciendo con los ingredientes los tres colores de la bandera italiana). Entre las callejuelas oscuras: me encontré con una iglesia casi negra por la mugre, una boca de metro cerrada y llena de bolsas de basura hasta los topes, un matrimonio peleándose, ella desde el balcón gritando como una condenada y él desde la calle mientras hablaba con su vecino de los últimos resultados del fútbol (aprendí mucho vocabulario palabrotero) y además descubrí un hospital de muñecas. Nunca habia visto ninguno, y dos niños la mar de monos me lo enseñaron. Les hice esta foto. Me encanta Nápoles.

No mostrar


Pared de cine en Lyon

Las fotos que más me gustan son aquellas que tienen solo una fuente de luz y pocos elementos. Con el cine me pasa lo mismo. Lo que más me gusta del arte visual es esa capacidad para “no mostrar”. La organización de la realidad que hace cada uno a través del objetivo de una cámara es el esquema mental que uno tiene sobre lo que ve, y en cada persona es distinto. Ocultar lo que a uno no le gusta es revelador. Con las personas pasa algo parecido. Lo que se muestra es lo menos interesante, pero es un indicio para saber mucho más. Por eso cada vez me gustan más las imágenes de las viejas películas, en blanco y negro, y si son de los años 20, mejor que de los  30. Las limitaciones técnicas agudizaban el ingenio de los primeros directores y de los primeros fotógrafos. Ocultaban para sugerir, para despertar la imaginación del que mira, para jugar a las adivinanzas. Si una imagen es muy poderosa. muy bonita, lo que se conoce como espectacular se adueña de nuestra mirada y no nos deja pensar.La historia que quiere contar, se queda a medias.

Viajar en tren leyendo


La mejor ocasión para leer un buen relato es en un viaje solitario en tren. Rodeada de desconocidos y con un paisaje  que no nos es familiar al otro lado de la ventanilla (a la que  echo una ojeada de  vez en cuando), la vida interesante y complicada que surge de las páginas impresas posee matices propios, peculiares y duraderos.

Proyeccionista del cine Maldà


Hubo una época de sesiones dobles en el cine Maldà, cuando ibamos a la escuela de cine y los alumnos nos peleábamos por las películas. Saliamos los viernes de los acalorados debates de cine a la 1 de la mañana y buscábamos algún bar abierto para trasnochar siguiendo los debates planteados en clase, esta vez con algunas copas de más. A mi me flipaba Bergman, pero me dejaba K.O Tarkowsky, y intentábamos no hablar de Clint Eastwood ni de Spielberg. Eran todos muy elitistas en la escuela de cine. Por suerte con el tiempo, me fui desintoxicando un poco.  Una vez mi padre se presentó con el coche en la puerta de la escuela recriminándome que aquello no debia ser una escuela de cine sino una comuna ya que según su opinión no hay alumnos de ninguna escuela que salgan tan tarde de las clases. Fué muy tierno . Ahora me rio, pero entonces no me hizo ninguna gracia, además mis colegas se quedaron de pasta de boniato. Por entonces, veia cinco, seis o más películas en el cine, muchas veces en la Filmoteca sin saber el programa de antemano. Pero en el cine Maldà tenia suerte, porque conocia a Edu, que además de amigo y compañero de estudios era el proyeccionista del cine Maldà y a veces me colaba gratis. Ahí está leyendo una revistilla mientras proyecta “Bagdad Café” por 45ava vez.

Proyeccionista del cine Maldà