Historia en un museo / Story in a museum


Historia en un museo

En mis fotografías me encuentro a menudo historias a medio contar y en ellas aparecen personas, imágenes, objetos que me gusta que queden extrañamente unidos. Otras veces, no soy consciente del porqué de esa imagen en el momento de captarla, pero al revisarla veo una historia interesante.A mi me gustan las historias que van en diversas direcciones. Los museos es un lugar ideal para encontrar este tipo de historias. Las historias paralelas. En este caso, por un lado está la historia de una joven pareja en la que ella parece tratar de hacerse entender, y por otro lado está la historia que aparece en el cuadro, la de una mujer sola ante un público. Hay una tercera historia, la historia que intuye o entiende el espectador. Todas esas historias unidas en un instante, en el tiempo, son como un libro que nos cuenta lo que realmente queremos escuchar o leer.Tal vez, nuestra propia historia.

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Viajar / Travel


Siempre Viajar


Yo estaría siempre viajando y en cuanto puedo me muevo hacia alguna parte para conocer nuevos lugares, nuevas formas de pensar. Necesito a menudo cambiar de perspectiva, creerme ciudadana, indígena, nacida en otro lugar, con una nueva identidad, como partiendo de cero, y convertir las calles, los espacios nuevos, las costumbres, las lenguas, las gentes en parte de una cotidianidad breve, en parte inventada. Hay lugares en los que he estado, lejos de mi casa, en que me he sentido como en casa, me han sido extrañamente familiares. Lugares que siempre pensé que me serían ajenos: Casablanca, el barrio Greenwich de Nueva York, la ciudad de Qufu en China, la ciudad de Nizny Novgorod en Rusia…Quizás tenga que ver el hecho de haber interactuado llanamente con sus gentes, personas con las que he conectado de inmediato y con las que hablaría durante horas, a causa de una curiosidad mutua con las que no queda más remedio que hablar de tú a tú, ya que cualquier referencia o prejuicio sobre la clase social, profesional o personal más inmediata queda diluida. Se impone la necesidad de comunicarse y un encuentro casual se convierte en un acontecimiento digno de recordar. Recuerdo la mujer romana que me encontré en Trastevere y me invitó a su casa a comer spaghetti a lla rabiatta, el viaje de 15 horas en un tren hacia el sur de China mirando El Padrino en el portátil de un chico chino amabilísimo y comiendo fideos picantes, la noche de karaoke con tres ingenieros rusos divertidísimos, la encantadora señora irlandesa que conocimos en una estación de Belfast y nos acogió en su casa durante cuatro dias ya que todos los hoteles estaban llenos ( corría el año 95,se había anunciado una larga tregua del IRA en Irlanda del Norte, lugar en el que los mismísimos irlandeses nos advirtieron como peligrosísimo por aquel entonces y a todo el mundo se le había ocurrido celebrarlo “in situ”), los pescadores senegaleses que nos invitaron a su casa construida en un árbol y nos cocinaron carpa con patatas…No son personas mejores que las que viven aquí, desde luego,puede que sea yo la que me vuelva mejor cuando viajo, pero si es cierto que en nuestro día a día somos recelosos, poco comunicativos, un tanto apáticos…Será que la rutina embota el cerebro. Por eso, me consuela viajar cada día en tren a mi lugar de trabajo, y con la música de mis auriculares y un buen libro puedo revivir algunos momentos de viajes más emocionantes. El sentarse al lado de la ventana es un detalle esencial y el llevar el termo de té caliente lo mejora, y como no es posible siempre viajar a lugares lejanos, un buen libro es un buen sustituto. Como viajar es moverse, y el tren, mi forma de transporte preferida, de momento, me conformo

Zoco


 

Callejón solitario de un zoco de la ciudad de Fez. Zoco en árabe significa algo así como “desorden” que en esta imagen no es el caso aparentemente y digo esto porque la mezcla desordenada de olores, sabores y luces lo impregna todo . La luz tan intensa de Marruecos hace que todo sean recortes: las esquinas, las luces y las siluetas.

Fez

Boa en Battery Park


Caminando por Battery Park uno puede encontrarse con una boa y su dueño. Y es que todo el mundo tiene derecho a que le de un poco el aire.

Por suerte, las serpientes no tienen mucho sentido del oído y supongo que no oyó el “click”. Pero desde luego el animalito infundía respeto al igual que esa poderosa calva negra que parece acariciar.

No hay nada como tener una cariñosa mascota y un domingo cualquiera para pasear.

 

 

Boa en Battery Park
Boa en Battery Park