Noche en una calle de Estambul


Estambul era puro misterio y exotismo. Era la ciudad que representaba Oriente y Occidente. Cuando llegué por primera vez en una accidentada carrera en taxi, me pareció una ciudad con una atmósfera especial, con cierta peligrosidad donde las reglas que había conocido en mi mundo no tenían porque ser respetadas.De noche, en la calles apenas una farola y unas figuras a contraluz, el ladrido de un perro y el murmullo de unos niños jugando a lo lejos. Sentía miradas clandestinas siguiendo mis pasos. Saqué mi cámara apenas un par de veces por la noche, para robar alguna imagen.

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