El abanico de seda


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“Al año siguiente empezó en serio mi educación en la habitación de las mujeres, aunque yo ya sabía muchas cosas.Sabía que los hombres casi nunca entraban allí; era una pieza reservada para nosotras, donde podíamos hacer nuestro trabajo y compartir nuestros pensamientos. Sabía que pasaría casi toda mi vida en una habitación como aquélla. También sabía que la diferencia entre nei -el reino interior del hogar- y wat -el reino exterior de los hombres- constituía el núcleo de la sociedad confuciana. Tanto si eres rico como si eres pobre, emperador o esclavo, la esfera doméstica pertenece a las mujeres y la esfera exterior a los hombres. Las mujeres no deben salir de sus cámaras interiores ni siquiera mediante la imaginación. Entendía asimismo los dos ideales confucianos que gobernaban nuestra vida. El primero lo formaban las Tres Obediencias: «Cuando seas niña, obedece a tu padre; cuando seas esposa, obedece a tu esposo; cuando seas viuda, obedece a tu hijo.» El segundo correspondía a las Cuatro Virtudes, que definen el comportamiento, la forma de hablar, el porte y la ocupación de las mujeres: «Sé sobria, comedida, sosegada y recta en tu actitud; sé serena y agradable en tus palabras; sé contenida y exquisita en tus movimientos; sé perfecta en la artesanía y el bordado.» Si las niñas no se apartan de esos principios, se convierten en mujeres virtuosas.

El abanico de seda. Lisa See.

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Leyendo el Libro de Lugares y Mares Raros / Reading the book of rare places and seas


 

Leyendo el libro de los lugares raros

A comienzos del verano los bosques y hierbas prosperan,alrededor de mi cabaña abundan las ramas y las sombras.

Numerosos pájaros se deleitan en sus santuarios,y yo también amo mi cabaña.

Después que he arado y sembrado,vuelvo y leo mis libros.

El sendero estrecho sin huellas profundas,frecuentemente ha hecho regresar el carruaje de un amigo.

Alegremente sirvo mi vino de primavera,y junto la lechuga que crece en mi huerta.

Una lluvia fina llega desde el Este,y la sigue un dulce viento.

Ociosamente leo las leyendas del rey Chou,y miro el mapa de los lugares raros.

En un momento estoy volando a través del Universo.¿Cómo un hombre así podría ser infeliz?

Tao Yuan-ming (372-427 d. de C.)

Tao Te Ching


 Tao Te Ching

Los hombres nacen suaves y blandos;
muertos, son rígidos y duros.
Las plantas nacen flexibles y tiernas;
muertas, son quebradizas y secas.

 Así, quien sea rígido e inflexible

es un discípulo de la muerte.

Quien sea suave y adaptable
es un discípulo de la vida.

 Lo duro y rígido se quebrará.

Lo suave y flexible prevalecerá.

La Gran Muralla


La Gran Muralla

 

 

La Gran Muralla China, uno des esos lugares con los que uno sueña y que no deja de imaginar como fue posible construir algo así.

Hay tramos un tanto difíciles, de bloques irregulares y desgastados por el paso del tiempo , las tormentas, el viento, las inundaciones…No tenia el calzado adecuado, pero como soy más tozuda que una mula torda, caminé poco a poco, peldaño a peldaño, haciendo fotos aquí y allá y esquivando a los numerosos vendedores ambulantes de postales y sombrillas que aparecían súbitamente de detrás de las torres. En este tramo de Simatai hay que andar a veces a gatas a causa de la inclinación exagerada del terreno, ya que esta parte del recorrido fue construida sobre colinas. Horas de subir y bajar. Imaginando los ejércitos mongoles con sus catapultas y sus flechas, me detuve a observar la interminable serpiente gris. ¡Y pensar que muchos de los pobres esclavos eran utilizados una vez muertos para amortiguar el peso de las piedras…Más de 21.ooo km de sangre, sudor y lágrimas para defenderse de los bárbaros del norte!

La sonrisa de China


 

A menudo mi timidez me impide acercarme a las personas y pedirles posar. Reconozco ser de esas fotógrafas que roban momentos, gestos y miradas distraídas.

Pero en China todo esas reticencias inevitablemente se olvidan porque la gente se te acerca y te sonríe o dan la vuelta a la situación y te piden hacerse una foto contigo o te roban ellos una.

Uno de los jardineros de las dos pagodas gemelas de Shiang Ta me dedicó esta hermosa sonrisa para la fotografía. Una sonrisa abierta y real, lo más lejos de la “sonrisa Profiden” a la que muchos aspiran.

 

La sonrisa de China

 

Barrio Musulmán de Xi’an


 

Barrio musulmán de Xi'An

Uno de los lugares más fascinantes y alegres que he visitado nunca es el Barrio Musulmán de la antigua ciudad de Xi’an en China.

Paseé por las calles caóticas, donde las motos y las bicicletas no seguían ninguna regla lógica y se mezclaban con los viandantes que andábamos absolutamente despreocupados.

Una se diatraía con facilidad observando la variación y el colorido de los artículos de las paradas callejeras, que ya podían ser juguetes o diminutos libros rojos de Mao.

Allí se mezclaban también sabores y olores exóticos, humos y sonidos siempre aderezados con esa extrema amabilidad china que a nosotros los occidentales nos parece servilismo.

Los niños del hutong


En uno de los hutongs del casco antiguo de la ciudad de Pekín unos niños  juegan acompañados de sus padres, amigos y tíos.

Sacan sus hamacas y sus palanganas para lavar la ropa, desayunan en la calle o se lavan los dientes.

Es entretenido observar la tranquilidad y la despreocupación con la que sortean bicicletas y viandantes y

hacen su vida en la calle durante los calurosos dias de verano. Creo que ni se percataron de que llevaba un buen rato haciéndoles fotos.

Retrato de una família china

Gran Muralla


Se dice de la Gran Muralla China que no se sabe si es un monumento del hombre o de la naturaleza. Se empezó a construir mucho antes del nacimiento de Cristo y seguía su construcción cuando Colón descubrió América. Se extiende desde el Mar Amarillo hasta el norte de China, pasa por desiertos inhóspitos y por altas montañas. Más de 7400 km. En la parte de Simatai donde fui, las piedras son irregulares y hay partes muy empinadas donde se apoyan cubos de piedra rotos por los que subir. No es la parte más turística, por lo que puedes caminar a pie durante horas sin encontrarte un alma. Es en la Gran Muralla donde he descubierto que tengo vértigo. No por las alturas, sino porque estar allí me hacia sentir absolutamente desprotegida y falta de equilibrio. Me imaginé lo que había leído poco antes : los materiales con que se había contruido eran piedra, escombros, arroz y cadáveres de los obreros que iban muriendo. Los chinos le llaman la Larga Fortaleza y es considerada una de las siete maravillas del mundo.

Gran Muralla
Gran Muralla