Si, después que yo muera, se quisiera escribir mi biografía…


Si después que yo muera, se quisiera escribir mi biografía...

Si, después que yo muera, se quisiera escribir mi biografía,
Nada sería más simple.
Exactamente poseo dos fechas -la de mi nacimiento

y  la de muerte.
Entre una y otra todos los días me
pertenecen.

 

Soy fácil de describir.
He vivido como un loco.
He amado a las cosas sin ningún sentimentalismo.
Nunca tuve un deseo que no pudiera colmar, pues nunca anduve ciego.
Incluso escuchar para mí fué nada más que un complemento del ver.
Comprendí que las cosas son reales y totalmente diferentes una de otra:
Lo comprendí con los ojos, jamás con el pensamiento.
Comprenderlo con el pensamiento hubiera sido encontrarlas
todas iguales.

Un día me sentí dormido como un niño.
Cerré los ojos y dormí.
Y, a propósito, yo era el único poeta de la Naturaleza.

 

Fernando Pessoa

 

 

 

 

 

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Tao Te Ching


 Tao Te Ching

Los hombres nacen suaves y blandos;
muertos, son rígidos y duros.
Las plantas nacen flexibles y tiernas;
muertas, son quebradizas y secas.

 Así, quien sea rígido e inflexible

es un discípulo de la muerte.

Quien sea suave y adaptable
es un discípulo de la vida.

 Lo duro y rígido se quebrará.

Lo suave y flexible prevalecerá.

Sombra de Cagliari


Sombra

La soleada ciudad de Cagliari tiene sombras espesas que se extienden por las paredes irregulares de los callejones. El insistente tañir de las campanas, los borreguitos de azúcar y los cestos de mimbre llenos de palmas que se venden en la entrada de todas las iglesias son suficientes para sentir que se participa de la semana santa por muy ateo que uno sea. Se presta poca atención a la isla de Cerdeña, por lo que una se siente una privilegiada al no coincidir más que con los lugareños. Cagliari se esconde, y deja que Roma, Milán o Nápoles sean más expansivas. Muy cerca, en las playas está el paraíso, tan perfecto y solitario que parece que uno no se lo merezca. Y me digo: que las gentes se gasten la pasta para ir a Hawai o a las Seychelles, yo me quedo en Cerdeña.

La Gran Muralla


La Gran Muralla

 

 

La Gran Muralla China, uno des esos lugares con los que uno sueña y que no deja de imaginar como fue posible construir algo así.

Hay tramos un tanto difíciles, de bloques irregulares y desgastados por el paso del tiempo , las tormentas, el viento, las inundaciones…No tenia el calzado adecuado, pero como soy más tozuda que una mula torda, caminé poco a poco, peldaño a peldaño, haciendo fotos aquí y allá y esquivando a los numerosos vendedores ambulantes de postales y sombrillas que aparecían súbitamente de detrás de las torres. En este tramo de Simatai hay que andar a veces a gatas a causa de la inclinación exagerada del terreno, ya que esta parte del recorrido fue construida sobre colinas. Horas de subir y bajar. Imaginando los ejércitos mongoles con sus catapultas y sus flechas, me detuve a observar la interminable serpiente gris. ¡Y pensar que muchos de los pobres esclavos eran utilizados una vez muertos para amortiguar el peso de las piedras…Más de 21.ooo km de sangre, sudor y lágrimas para defenderse de los bárbaros del norte!

Rincón perdido en Irlanda


Ya no recuerdo a que lugar exacto pertenece este rincón perdido. Me adentré en un bosque en Irlanda y caminé durante horas. Esto me encontré. El sonido de las hojas crujiendo bajo mis pies y el viento entre las ramas. Olía a tierra mojada y a boñiga de vaca. El verde de Irlanda que os tenéis que imaginar, lo envuelve todo y a todos. Y no hay diferencia entre un coche y una tumba

Un rincón perdido en el bosque

Fotografía de una tumba irlandesa y poema de W.B.Yeats


Tumba

Bajo Ben Bulben (De Last Poems)
Muchas veces un hombre vive y muere
Entre sus dos eternidades,
Aquella de  la raza y la del alma,
Mas ambas, la vieja Irlanda comprende.
Y ya sea que expire estando en cama
O de un disparo caiga muerto,
A una breve separación de los suyos
Es lo peor que ha de temer.
Aunque la faena del sepulturero sea larga y dura
Aguzada la pala, el músculo tenso,
No hace sino empujar al inhumado cuerpo
De vuelta a la mente humana.

 

 

Villa Adriana


Villa Adriana

En Villa Adriana, todo parece estar abandonado a su suerte y aún así ese lugar mantiene una misteriosa belleza. Es la belleza que proviene de la derrota de los hombres y le da la razón a lo esencial,a la verdad. Porque el ser humano es pequeño y está perdido si confía en su propia grandeza y en la pompa que conlleva. Este solitario lugar refleja todo eso y más. El gran Adriano que era el más poderoso de los hombres, el más culto, el más querido muere dejando este poema antes de expirar:

Pequeña alma, blanda,

errante huésped y amiga del cuerpo. 

¿Dónde morarás ahora 

Pálida, rígida, desnuda

Incapaz de jugar como antes…?

 

 

 

 

 

 

 

Horas venecianas


“Ciertas imágenes mentales surgen frente al coleccionista de recuerdos por la mera mención, oral o escrita de los lugares que ha amado. Cuando escucho, cuando veo el nombre mágico que he escrito sobre estas páginas, no pienso en la gran plaza, con su extraña basílica y sus elevadas arcadas, ni en la amplia desembocadura del Gran Canal, con la majestuosa escalinata y la elegante cúpula de la Salute; no es en la laguna baja ni en la dulce Piazzetta, ni tampoco en las oscuras naves de San Marcos. Sencillamente veo un estrecho canal en el corazón de la ciudad –una pincelada de agua verde y un fragmento de fachada rosa-. La góndola se desliza lentamente; describe un suave giro,pasa bajo un puente y el grito del gondolero sobre las tranquilas aguas salpica en la quietud. Una niña cruza el puentecito, arqueado como la joroba de un camello, con un viejo chal sobre la cabeza que la hace típica y encantadora, recortándose en el cielo para quién se desliza debajo. El rosa del viejo muro parece llenar todo el lugar hasta hundirse en el agua opaca. Detrás del muro hay un jardín del cual se escapa el largo brazo de una rosa blanca de junio –las rosas venecianas son espléndidas- como ornamento espontáneo. Al otro lado del muro hay una estropeada fachada con ventanas góticas y balcones –balcones de los que cuelga ropa sucia y bajo los que se abre una entrada cavernosa cubierta sobre unos escalones cubiertos de fango-. Hace mucho calor y el canal tiene un extraño olor pero todo el lugar destila tranquilidad y encanto.”

Henry James

Horas venecianas

Christopher Park


 Christopher Park

En el barrio de Greenwich Village de Nueva York hay esta pequeña plaza con esculturas de piedra blanca, Christopher Park. Los niños están jugando y riendo escandalosos, los maestros están ausentes. La presencia de las esculturas urbanas añade el toque de extrañeza del mundo adulto. Ahí están desencantadas, imperturbables, las escultura de la liberación gay “Gay Liberation Statues” , parecen estar atrapadas, no liberadas. No sé en que estaba pensando George Segal cuando las hizo en 1969. Son parejas que se profesan un amor tierno, tranquilo como sus gestos, pero sus expresiones y su pose contrastan con el ritmo alegre de estos pequeños intrusos.

 

Desde una colina de Fez


En la colina de Fez

 Para observar Fez solo hay que subir a uno de los miradores. Desde allí no se aprecia el caos de la ciudad y se pasan unas horas tranquilas, en las que el paisaje y sus gentes te transportan al pasado. Fez es una de las ciudades en las que aún es fácil mirar como lo hacían siglos atrás. Tahar Ben Jelloun, un escritor marroquí relata así el Marruecos de su infancia. Este pequeño fragmento podría ilustrar esta imagen y la emoción que sentí entonces: “Aquella época sabía a miel y a aceite de argán. Recordaba las comidas tras sacar el ganado a pastar. Su prima le llevaba una bandeja, té con hierbabuena muy azucarado, tortas, aceite y miel, y, de vez en cuando, un poco de amlu, una especie de pastapara untar, a base de almendras, de aceite de argán y de especias. Eran unas mañanas frescas y silenciosas”

Roma es de color rosa


Roma es de color rosa

Si tuviera que relacionar la ciudad de Roma con un color, ese sería sin duda el color rosa. Las fachadas rosa salmón de los edificios, los jardines cerca de Circo Massimo repletos de olorosas rosas, el rosa de la camiseta que viste el líder del Giro d’Italia, el cielo rosado que se refleja en el río Tiber  con el Castello Sant’Angelo al fondo… Además Roma es una ciudad femenina, grande, redonda, exuberante como las señoras italianas que salen en las películas de Fellini, de De Sica, de Pietro Germi…como el color rosa que es ternura y erotismo, como el color rosa de lo que no es real, de la ensoñación y de la transfiguración. El rosa también es el color kitsch y el color más cursi, pero no puedo evitar recordar mi vida en Roma teñida de color de rosa.

Cinema dei Piccoli


Cinema dei Piccoli

 

En Roma, en los parques de Villa Borghese, construyeron en 1934 este cine dedicado a los niños que es un auténtico deleite. Paseando por Largo Marcello Mastroianni, me encontré con este pequeño edificio y hice esta fotografía. Está en Viale della Pineta, en un hermoso lugar, rodeado de árboles y fuentes. Está considerado el cine más pequeño del mundo y sale en el libro Guiness. Suelen pasar películas de dibujos animados o películas que tratan temáticas sobre la infancia y adolescencia. Ojalá hubiera habido un cine como éste cuando era niña. ..Entonces había pocas salas donde de vez en cuando pasaban películas infantiles. Creo recordar que la primera película que vi, la fui a ver con mi padre y mi hermana. Debía de tener yo unos 6 o 7 años. La película en cuestión se llamaba “Los tres caballeros” de Walt Disney, era un musical divertidísimo, que me hizo reír mucho. Tengo el vago recuerdo de quedarme ensimismada viendo las fotos de la película en el escaparate del vestíbulo al salir y a tararear la canción volviendo hacia casa:

Somos los tres charros,

los tres caballeros

y nadie es igual a nosotros.

Felices amigos siempre vamos juntos.

Donde va el primero

van siempre los otros.

El Baobab


Baobab

 

El Baobab es ese árbol plantado del revés. Los senegaleses explican la leyenda de éste árbol. El Baobab era el árbol más hermoso de todos, admirado por animales, hombres y plantas; hasta los dioses quedaron prendados por la belleza del Baobab: de la fuerza de sus ramas, del olor y color de sus innumerables flores, de la viveza de sus hojas, de la suavidad de su tronco y su dureza.El Baobab, orgulloso, empezó a crecer y a crecer durante mucho tiempo, haciéndose más y más fuerte, hermoso, y alto. Se hizo tan alto que sus ramas daban sombra a los demás árboles, y no les dejaba crecer, helando a las criaturas que pasaran bajo él, ya que ocultaba por completo el calor del sol. Llegó a crecer tanto que, lleno de orgullo, gritó a los Dioses que pronto los alcanzaría.

Los Dioses coléricos , por desafiarlos y en castigo por su osadía lo condenaron para hacerle aprender modestia, y cesara su egoismo puesto que no quería que ningún animal se cobijara bajo su sombra.
Su maldición fue ser plantado al revés Sus hermosas ramas, flores y hojas quedaron enterradas, y el Baobab adoptó la forma de unas raices buscando el cielo

Los niños de Joal-Fadiouth


 

Paseando por Joal-Fadiouth nos topamos con los niños del pueblo que se sienten atraídos por la cámara de fotos como moscas a la miel. Entonces, los enfocas y huyen despavoridos.Éste pueblo de Senegal no es un pueblo olvidado. En Joal nació el poeta Leópold Sédar Senghor, apóstol de la negritud y el primer presidente de la República de Senegal y hay un patrimonio arquitectónico importante, aunque en muy mal estado. En un país mayoritariamente musulmán, es importante apreciar que en la isla de Fadiouth el 90% de los habitantes son cristianos. En muchos lugares de Senegal musulmanes y cristianos viven en perfecta armonía, aunque esas no son noticias interesantes que lleguen a Europa. Es un destino perfecto para quitarse los prejuicios culturales y demás. Están demasiado ocupados viviendo al día.

Desde Kedougou


No hemos desayunado. No tenemos dinero para el 4×4. -Yo tengo una moto y mi hermano Hammat tiene otra-nos dice Danni Diallo, el encargado del hostal. Tenemos que negociar y no somos muy buenas regateando. Después de hacernos las remolonas, decidimos cruzar en moto el País Bassari y …a donde lleguemos. Son pocas horas de viaje.  – ¿Con estas motos? – Si, con estas motos. La carretera asfaltada de Kedougou desaparece, y en su lugar empieza la tierra roja repleta de enormes charcos. Nuestros “guías” sortean los charcos casi sin mirar, silbando divertidos y saludando a la gente de los poblados de aquí y de allá. Los niños nos persiguen corriendo y gritando como locos : ¡Toubab! ¡Toubab!. Sorteamos con la moto manadas de vacas, de cabras, de ovejas. Se nos cruza una serpiente velocísima, que por poco nos hace caer y de repente, se pone a llover, a cántaros. El paisaje es magnífico, alucinante. Me siento afortunada. No llevo impermeable

Hacia Tambacounda


Hacia Tambacounda

Nos metemos en una camioneta después de oír a unos cuantos hombres gritar: ¡Tambacounda! ¡Tambaaaacoooounda!

Nos sentamos en los bancos laterales, apretados unos contra otros, cerca de las puertas traseras. Solo entrar ya estamos sudando. Las gotas de sudor nos caen desde la frente al suelo, casi se puede oír el sonido del goteo. Solo nos esperan cinco horas de viaje (ja, ja,ja). Pasamos diferentes controles por la carretera. Se acercan policías que parecen esperar algo después de observarnos. El chófer baja, se dirige siempre a la caseta y intercambia unos papeles, que no es dinero, pero todo y así resulta de lo más sospechoso. Una niña, de unos seis años, no nos quita el ojo de encima. Nos observa de arriba a abajo. Le sonreímos y Raquel le construye un elefante de papiroflexia, que ella coge cuidadosamente y lo tiene en la mano durante todo el viaje. El calor es insoportable y el aire de la ventanilla es como tener un secador enorme sobre nuestras cabezas. Hacemos muchas paradas. Bajan unos y suben otros, y siempre son más los que suben. Cargan carbón y cabras atadas por las patas en la baca del vehículo. Entre los baches enormes de la carretera y el sobrepeso, parece que vayamos a tumbar. Como llevamos ya cuatro horas nos ponemos a cantar. La gente nos sonríe con curiosidad y con miradas un poco compasivas. El hombre del birrete musulmán sentado al lado del chófer se gira y nos dice sentencioso: – Durante el Ramadán, ¡no se canta!. Al cabo de seis larguísimas horas llegamos a Tambacounda.

Querido Hermano Blanco


 

Querido hermano blanco,

cuando yo nací, era negro,
cuando crecí, era negro,
cuando estoy al sol, soy negro,
cuando estoy enfermo, soy negro,
cuando muera, seré negro.
En tanto que tú, hombre blanco
cuando tú naciste, eras rosa,
cuando creciste, eras blanco,
cuando te pones al sol, eres rojo
cuando tienes frío, eres azul
cuando tienes miedo, te pones verde,
cuando estás enfermo, eres amarillo,
cuando mueras, serás gris.

Así pues, de nosotros dos,
¿quién es el hombre de color?

Léopold Sédar Senghor

 

Niñas Bedic


Imagen

Como no teniamos dinero para el “4×4” decidimos viajar a país Bassari en motocicleta. Después de llegar desde Kédougou hasta el campamento de Didenfelo, nos dirigimos desde el pueblo de Ibel hacia un poblado situado sobre una montaña. Este poblado es conocido con el nombre de Iwol y parece ser que no fué hasta 1995 cuando sus habitantes vieron por primera vez a un hombre blanco. Los niños entonces huyeron despavoridos; hoy nos reciben con los brazos abiertos. Tardamos una hora y media en subir y cuando estábamos a punto de llegar al poblado, como por arte de magia, aparecieron varias mujeres bedic de detrás de los árboles. Nos sonreían y observaban curiosas dándonos la bienvenida. Oímos cánticos a lo lejos, y descubrimos las chozas humeantes un poco más allá. Las mujeres del poblado estaban celebrando una fiesta de iniciación. Era todo un espéctáculo de ritmo y color, que continuó hasta el día siguiente. Nos unimos a ellas y pasamos a ser nosotros el foco de atención y causa inevitable de bromas y risas.

 

La sonrisa de China


 

A menudo mi timidez me impide acercarme a las personas y pedirles posar. Reconozco ser de esas fotógrafas que roban momentos, gestos y miradas distraídas.

Pero en China todo esas reticencias inevitablemente se olvidan porque la gente se te acerca y te sonríe o dan la vuelta a la situación y te piden hacerse una foto contigo o te roban ellos una.

Uno de los jardineros de las dos pagodas gemelas de Shiang Ta me dedicó esta hermosa sonrisa para la fotografía. Una sonrisa abierta y real, lo más lejos de la “sonrisa Profiden” a la que muchos aspiran.

 

La sonrisa de China

 

My Derry


My Derry

Aquí está el principio del documental “My Derry” que hice en el 2001. La ciudad de Derry, sus gentes, sus carteles políticos… La breve peliculita trata de un día en la vida de una niña de Derry campeona de danza irlandesa. Está narrada a través de las cartas que ella le escribe a una amiga que ha emigrado a Inglaterra. Un mes, una cámara, y pocos euros. Que nostalgia de los momentos de rodaje, de todas las anécdotas vividas, de como Dani y yo pasábamos horas en los pubs esperando a que dejara de llover y luego ni el uno ni el otro podíamos lograr enfocar la cámara después de las inevitables Guiness, …Lluvia, sol, granizo, nieve…en un par de horas…El inestable tiempo irlandés…la entrevista en el Bogside con los del Sinn Féin, los ensayos de Christine en las planchas de madera del suelo, la pelea en el pub en la que nos expulsaron, los energéticos desayunos con los obreros del barrio, la comida compartida con los del catering de “Bloody Sunday”…No hay nada que inventar. La realidad es muy rica. Todo está ahí.

Barrio Musulmán de Xi’an


 

Barrio musulmán de Xi'An

Uno de los lugares más fascinantes y alegres que he visitado nunca es el Barrio Musulmán de la antigua ciudad de Xi’an en China.

Paseé por las calles caóticas, donde las motos y las bicicletas no seguían ninguna regla lógica y se mezclaban con los viandantes que andábamos absolutamente despreocupados.

Una se diatraía con facilidad observando la variación y el colorido de los artículos de las paradas callejeras, que ya podían ser juguetes o diminutos libros rojos de Mao.

Allí se mezclaban también sabores y olores exóticos, humos y sonidos siempre aderezados con esa extrema amabilidad china que a nosotros los occidentales nos parece servilismo.

Los niños del hutong


En uno de los hutongs del casco antiguo de la ciudad de Pekín unos niños  juegan acompañados de sus padres, amigos y tíos.

Sacan sus hamacas y sus palanganas para lavar la ropa, desayunan en la calle o se lavan los dientes.

Es entretenido observar la tranquilidad y la despreocupación con la que sortean bicicletas y viandantes y

hacen su vida en la calle durante los calurosos dias de verano. Creo que ni se percataron de que llevaba un buen rato haciéndoles fotos.

Retrato de una família china

A la Geología


 

A la Geología

 

Tomé esta fotografía frente al Museo de Geología de Barcelona. Me llamó la atención  la dignidad de esas piedras que parecen vivas, que parece que están esperando una condecoración, y el hombre de negro que se vuelve hacia ellas como reconociendo su importancia.

“Colección tienes ordenada y rica
de fósiles y huellas naturales,
(medallas que ninguno falsifica),
tus teorías son fijas e inmortales,
que en mármoles se basan y en granitos;
tus antiguos anales
por el dedo de Dios están escritos”

A la geología. Melchor de Palau

 

 

El Kesra


El Kesra

En Marruecos se prepara el Kesra, ese delicioso pan achatado como una torta, que se sirve caliente.

Los marroquíes suelen comer con los dedos de la mano derecha y se ayudan con un trozo de pan. Este es el horno de gente muy sencilla,

que descubrí paseando por los callejones de Marrakesh. El hombre accedió a que le fotografiara. La estancia está en situación de sospechosa higiene.

No falta la fotografía del rey de Marruecos, ni la tetera y el lugar donde se hace el pan, parece una caverna secreta.

Observando a este hombre hacer pan, se entiende que en este país se considere un alimento sagrado. No he visto nunca tanta lentitud y reverencia en

preparar pan, y desde luego la estancia me recordaba a una estampa pesebrista. En fin, el pan estaba delicioso, tan bueno que no necesitaba condimento.

El castillo de Trasmoz


 

El castillo de Trasmoz

 

“Queridos amigos:

Prometí a ustedes en mi última carta referirles, tal como me la contaron, la maravillosa historia de las brujas de Trasmoz. Tomo, pues, la pluma para cumplir lo prometido, y va de cuento.

Desde tiempo inmemorial es artículo de fe entre las gentes del Somontano que Trasmoz es la corte y punto de cita de las brujas más importantes de la comarca. Su castillo, como los tradicionales campos de Barahona y el valle famoso de Zugarramurdi, pertenece a la categoría de conventículo de primer orden y lugar clásico para las grandes fiestas nocturnas de las amazonas de escobón, los sapos con collareta y toda la abigarrada servidumbre del macho cabrío, su ídolo y jefe. Acerca de la fundación de este castillo, cuyas colosales ruinas, cuyas torres oscuras y dentelladas, patios sombríos y profundos fosos parecen, en efecto, digna escena de tan diabólicos personajes, se refiere una tradición muy antigua. Parece ser que en tiempo de los moros, época que para nuestros campesinos corresponde a las edades mitológicas y fabulosas de la Historia, pasó el rey por las cercanías del sitio en que ahora se halla Trasmoz, y viendo con maravilla un punto como aquel, donde, gracias a la altura, las rápidas pendientes y los cortes a plomo de la roca, podía el hombre, ayudado de la Naturaleza, hacer un lugar fuerte e inexpugnable, de grande utilidad por encontrarse próximo a la raya fronteriza, exclamó volviéndose a los que iban en su seguimiento y tendiendo la mano en dirección a la cumbre:

-De buena gana tendría allí un castillo.”

Cartas desde mi celda. Gustavo Adolfo Bécquer.

El Moncayo


 

El Moncayo y alrededores

 

“En el valle de Veruela, y como a una media hora de distancia de su famoso monasterio, hay, al fin de una larga alameda de chopos que se extiende por la falda del monte, un grueso pilar de argamasa y ladrillo. En la mitad más alta de este pilar, cubierto ya de musgo, merced a la continuada acción de las lluvias, y al que los años han prestado su color oscuro e indefinible, se ve una especie de nicho, que en su tiempo debió contener una imagen, y sobre el cónico chapitel que lo remata, el asta de hierro de una cruz cuyos brazos han desaparecido. Al pie crecen y exhalan un penetrante y campesino perfume, entre una alfombra de menudas hierbas, las aliagas espinosas y amarillas, los altos romeros de flores azules y otra gran porción de plantas olorosas y saludables. Un arroyo de agua cristalina corre allí con un ruido apacible, medio oculto entre el espeso festón de juncos y lirios blancos que dibuja sus orillas, y en el verano, las ramas de los chopos, agitadas por el aire que continuamente sopla de la parte del Moncayo, dan a la vez música y sombra”.

Cartas desde mi celda. Gustavo Adolfo Bécquer

Los encuentros de Arles


Esta fotografía la tomé al pasar por Arles en el verano del 2010 y me encontré con “Les Rencontres d’Arles” un festival de fotografía que se celebra cada verano en La Camarga, donde se pueden visitar unas 60 exposiciones de reputados fotógrafos y de aficionados. Me llamó especialmente la atención la obra de Ernst Haas, pionero del color y de Hans Peter Feldman, que trabaja con archivos fotográficos. La pequeña ciudad de Arles repleta de imágenes en las galerías y en las paredes de las calles, hace partícipes a ciudadanos profanos y a camarógrafos empedernidos. Toda una experiencia que vale tener en cuenta para todo aquel que ama la fotografía y el mundo de la imagen.

Los encuentros de Arles

My Derry


Aquí está el principio del documental “My Derry” que hice en el 2001. La ciudad de Derry, sus gentes, sus carteles políticos… La breve peliculita trata de un día en la vida de una niña de Derry campeona de danza irlandesa. Está narrada a través de las cartas que ella le escribe a una amiga que ha emigrado a Inglaterra. Un mes, una cámara, y pocos euros. Que nostalgia de los momentos de rodaje, de todas las anécdotas vividas, de como Dani y yo pasábamos horas en los pubs esperando a que dejara de llover y luego ni el uno ni el otro podíamos lograr enfocar la cámara después de las inevitables Guiness, …Lluvia, sol, granizo, nieve…en un par de horas…El inestable tiempo irlandés…la entrevista en el Bogside con los del Sinn Féin, los ensayos de Christine en las planchas de madera del suelo, la pelea en el pub en la que nos expulsaron, los energéticos desayunos con los obreros del barrio, la comida compartida con los del catering de “Bloody Sunday”…No hay nada que inventar. La realidad es muy rica. Todo está ahí.

Callejón romano


 

Roma, la eterna, hinchada de monumentos históricos, exuberante hasta la provocación, descarada en sus formas y creativa porque la ciudad y sus gentes se reinventan día a día. Cualquier calle o pequeño rincón de Roma me parece interesante, punto de partida perfecto de historias legendarias, secretas o cotidianas para escribir o filmar.

Callejón romano

Villa Adriana. Tívoli.


“Mínima alma mía, tierna y flotante, huésped y compañera de mi cuerpo, descenderás a esos parajes pálidos, rígidos y desnudos, donde habrás de renunciar a los juegos de antaño. Todavía un instante miremos juntos las riberas familiares, los objetos que sin duda no volveremos a ver… Tratemos de entrar en la muerte con los ojos abiertos…”. Memorias de Adriano. Marguerite Yourcenar.

Villa Adriana

Estación Porto Príncipe en Génova


No sabría decir porque me gustan tanto las estaciones de tren, ni porque me siento tan cómoda en ellas. Supongo que me gusta esa sensación de temporalidad y de lugar de paso en que nada es definitivo.

La incertidumbre de la llegada de la máquina, a veces tan fastidiosa en nuestra vida cotidiana, en vacaciones se presenta como un momento lleno de promesas y de estar fuera del tiempo. Mis mejores amigos los he hecho dentro de un tren, en conversaciones que aparentemente no llevan a ningún sitio. No es la primera vez que me equivoco de tren y tengo que volver a recorrer el camino ya hecho y volver a coger otro . Eso me ocurrió hace poco cuando confundí Genève (Ginebra) con la Génova italiana. Reaccioné al cabo de hora y media al descubrir por la ventanilla que no era un paisaje soleado y porteño lo que veía sino los brumosos paisajes alpinos. Pero nunca me he arrepentido al equivocarme de trayecto. Tantas veces en la vida tenemos que volver para atrás porque no tomamos conciencia del viaje sino del destino.

Estación de Porto Príncipe en Génova

Los Árboles


 

El ansia de vagabundear me acelera el corazón cuando oigo al atardecer el susurro de los árboles. Si se escucha durante largo rato y con la quietud suficiente, se aprende también la esencia y el sentido de esta necesidad del caminante. No es, como parece, una huida del sufrimiento. Es nostalgia de la patria, del recuerdo de la madre, de nuevas parábolas de la vida. Conduce al hogar . Todos los caminos conducen al hogar, cada paso es un nacimiento, cada paso es una muerte, cada tumba es una madre. Esto susurra el árbol al atardecer, cuando tenemos miedo de nuestros propios pensamientos infantiles.

El caminante. Herman Hesse.

Los Árboles

El pesto


 

El pesto (se pronuncia en idioma ligur/’pestu/) es un condimento o salsa típica y originaria de la Liguria (Italia). Su ingrediente principal es la albahaca ( Ocimum basilicum ) o mejor, albahaca genovesa (en lengua ligur baxeicò [baʒeɪ’kɔ] o baxaicò [baʒaɪ’kɔ]). Además de la albahaca, se muelen los piñones y el ajo, todo ello aderezado con queso parmesano (y/o queso de oveja (pecorino), dependiendo de las tradiciones locales) y de aceite de oliva. La palabra “Pesto” viene del genovés “pestare”, que significa machacar o moler en un mortero, que es la forma en que tradicionalmente se prepara esta salsa.

En algunos locales de Génova lo sirven con la típica brusquetta y con un poco de tomate o queso. Está realmente delicioso y es muy barato. Los que se venden en los supermercados suelen sustituir el buen aceite de oliva por requesón o salsa en leche, de forma que parece una bechamel líquida y el sabor aunque también me gusta, no tiene nada que ver con el sabor y la textura del pesto casero italiano.

El pesto

Zoco


 

Callejón solitario de un zoco de la ciudad de Fez. Zoco en árabe significa algo así como “desorden” que en esta imagen no es el caso aparentemente y digo esto porque la mezcla desordenada de olores, sabores y luces lo impregna todo . La luz tan intensa de Marruecos hace que todo sean recortes: las esquinas, las luces y las siluetas.

Fez

Bailando en Oakland


“Pero entonces bailaban por las calles como girándulas y yo arrastraba los pies tras ellos como he venido haciendo toda mi vida con la gente que me interesa, porque la única gente que me interesa es la que está loca, está loca por vivir, por hablar, ávida de todas las cosas a un tiempo, la gente que jamás bosteza o dice un lugar común…sino que arde, arde, arde como candelas romanas en medio de la noche”

Jack Kerouac, En la Carretera


Bailando en Oakland


Los enigmas de Venecia


Hay mucha literatura entorno a Venecia, y muchas de sus historias son de misterio. Los oscuros canales traseros, las calles laberínticas donde pasas una y otra vez sin saber que son las mismas, la atmósfera neblinosa del invierno, los espejos que te miran, las máscaras de carnaval, los puentecitos y los rincones oscuros cerca del agua y las formas orientales de las ventanas …Todo ello invita a imaginarse historias de crimenes y de secretos, una ciudad llena de enigmas que parece que te observa.

 

Los enigmas de Venecia

Admiración por los viejos oficios


Siento una gran admiración por los viejos oficios. Si no fuera porque mi presencia acaba siendo descubierta, me pasaría horas observando sin ser vista.

Ésta es la foto de un viejo restaurador de muebles, un oficio que se pierde ya que hay más gusto por el minimalismo y por lo práctico.  Todo lo que huele a “sentimentalismo” no es muy popular que digamos.

Los buenos artesanos todavía pueden disfrutar de su oficio en ciudades como Venecia.