Sylvia Plath


sylvia plath

 

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Una tarde en Sarnath


Te cojo las manos, y mi corazón, buscándote a ti,
que siempre me eludes tras palabras y silencios,
se hunde en la oscuridad de tus ojos.
Sin embargo, sé que debo estar contento en este amor,
con lo que viene a rachas y huye, porque nos hemos encontrado
por un momento en la encrucijada de los caminos.
¿Soy yo tan poderoso que pueda llevarte a través de este
enjambre de mundos, por este laberinto de veredas?
¿Tengo yo alimento para sostenerte por el oscuro pasaje bostezante,
de arcos de muerte?

“Te cojo las manos, y mi corazón, buscándote a ti…” de Rabindranath Tagore

 

Pareja feliz Samrat

El lago de Púshkar


El mismo río de vida que circula por mis venas noche y día, circula por las venas del mundo y canta, en lo hondo, con pulso musical.
Y es una vida idéntica a la mía la que a través del polvo de la tierra alza su verde alegría en innúmeras briznas de hierba, y estalla en olas tiernas y furiosas de hojas y flores.    Y la misma vida, hecha flujo y reflujo, mece al océano, cuna del nacimiento y de la muerte.
Mis sentidos se exaltan al tocar esta vida universal. Y siento la embriaguez de que sea en mi sangre donde en este momento palpita y danza el latido de la vida que huye a través del tiempo.

“La vida” de Rabindranath Tagore

 

mujeres en el lago Pushkar

Niños de Udaipur


Esta canción te envolverá en su música,
hijo mío, como un cálido abrazo de amor.
Mi canción rozará tu frente
como el beso con el que te bendigo.
Cuando te duela la soledad,
esta canción mía estará a tu lado,
susurrándote al oído;
cuando una multitud te rodee,
te protegerá sin sofocarte.
Mi canción dará alas a tus sueños y conducirá
tu corazón hasta la frontera del misterio.
Cuando la noche oscurezca tu camino,
te guiará como la estrella más confiable.
Mi canción brillará en tus ojos
y llevará tu mirada hasta la esencia de todo.
Y cuando la muerte silencie mi voz,
mi canción te hablará, hijo mío,
desde lo más profundo de tu corazón.
“Canción para mi hijo” de Rabindranath Tagore

 

Niños fuente Udaipur

Pescadores de Dakar


Durante mi viaje a Senegal registré con mi cámara breves momentos que me sirven como memoria y que me gusta compartir. Este fragmento documental es un encuentro de diversas personas a la orilla de la playa de Yoff en Dakar. Pescadores, clientes que compran pescado, niños y hombres que construyen sus barcas.

Mis fotos en un video (Marta Clarà PHOTOS)


“El fotógrafo representa una versión armada del paseante solitario que explora, que acecha, que cruza el infierno urbano, el caminante” vouyerista” que descubre la ciudad como un paisaje de extremos voluptuosos. Es maestro en el gozo de observar”
Susan Sontag

Noche en una calle de Estambul


Estambul era puro misterio y exotismo. Era la ciudad que representaba Oriente y Occidente. Cuando llegué por primera vez en una accidentada carrera en taxi, me pareció una ciudad con una atmósfera especial, con cierta peligrosidad donde las reglas que había conocido en mi mundo no tenían porque ser respetadas.De noche, en la calles apenas una farola y unas figuras a contraluz, el ladrido de un perro y el murmullo de unos niños jugando a lo lejos. Sentía miradas clandestinas siguiendo mis pasos. Saqué mi cámara apenas un par de veces por la noche, para robar alguna imagen.

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Yoff, Dakar


La belleza de Senegal es indescriptible, porque reside sobretodo en sus gentes y en el lento vivir cotidiano, despreocupada de la racionalidad y el utilitarismo de nuestro mundo occidental. Al mediodía, el sol es tan violento, que mucha gente vive en las sombras por unas horas y al bajar el sol, van apareciendo figuras en los umbrales. Todos salimos poco a poco como animales que salen de sus madrigueras. Arrugando el hocico, oliendo el aire, estirando el cuello. Luego nos sentamos y vemos por un rato, la vida pasar.

Yoff, Dakar
Yoff, Dakar

Puesto en el mercado musulmán, Xi’an


Puesto del mercado musulmán, Xian

Deambulé curiosa por las calles del mercado musulmán. Todos aquellos puestos de comida, ofrecían deliciosos manjares que no sabía nombrar. Pastelillos rellenos y pinchos de carne blanca, pasta húmeda de cenefas trenzadas, bolas rebozadas que brillaban a contraluz. El calor de los fogones y el olor intenso a manjares exóticos me acompañaban. Y yo me volvía más y más golosa a cada paso. No renuncié a nada. El té verde de hojas flotantes me aguardaba a la vuelta de la esquina.

Amanecer en el Espinazo del Dragón


Amanecer en el espinazo del dragón

En Longsheng, hay campos que se conocen con varios nombres: las terrazas de Longji o las terrazas del Espinazo del Dragón.

Me desperté cuando ya amanecía y me quedé observando como la vida apacible de los lugareños se ponía en marcha. Más tarde, me dispuse a recorrer los montes de arrozales, esquivando a los porteadores y a la vendedoras de abalorios. Y así pasé todo el día, subiendo y bajando colinas hasta e atardecer.

Tívoli


Tívoli

Animula, vagula, blandula
 Hospes comesque corporis
 Quae nunc abibis in loca
 Pallidula, rigida, nudula,
 Nec, ut soles, dabis iocos...
Pequeña alma, blanda y errante,
 huésped y compañera de mi cuerpo,
 que partirás para lugares
 pálidos, rígidos, desnudos,
 y ya no bromearás como acostumbraba

El poema fúnebre de Adriano

Alpes


Subiendo a los Alpes

Esta imagen la tomé durante la subida a los Alpes con unos amigos, cerca de Como. Observando las montañas nos sentimos fuera del tiempo. Me acordé del cuadro de Friedrich “El caminante sobre el mar de nubes”. ¡Que buena terapia es subir a las montañas! La inmensidad de la naturaleza te sobrecoge, tu individualidad se disuelve y uno se siente bien poca cosa. Un ser insignificante.

Montmartre, 2013


Montmartre

“…París no se acaba nunca, y el recuerdo de cada persona que ha vivido allí es distinto del recuerdo de cualquier otra. Siempre hemos vuelto, estuviéramos donde estuviéramos, y sin importarnos lo trabajoso o lo fácil que fuera llegar allí. París siempre valía la pena, y uno recibía siempre algo a trueque de lo que allí dejaba. Yo he hablado de París según era en los primeros tiempos, cuando éramos muy pobres y muy felices”

Parí era una fiesta. Ernst Hemingway.

Sol Negro


Sol negroSol negro

Este Sol no es como ninguno de esos otros Soles
No está en el Cielo
Ni en el Mar
No se levanta
Ni se esconde
Viene
Viene de lo más profundo
De Mí
De nosotros
Y no hay Eclipse que lo cubra
Ni Noche que derribe
Su marcha
Mi sol es una diosa, una mujer, una niña
Y no mira nada
Sino que marcha
Viene vestido de desorden
Para poner en orden el corazón de los hombres.

Bocar Diong (poeta senegalés)

 

El abanico de seda


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“Al año siguiente empezó en serio mi educación en la habitación de las mujeres, aunque yo ya sabía muchas cosas.Sabía que los hombres casi nunca entraban allí; era una pieza reservada para nosotras, donde podíamos hacer nuestro trabajo y compartir nuestros pensamientos. Sabía que pasaría casi toda mi vida en una habitación como aquélla. También sabía que la diferencia entre nei -el reino interior del hogar- y wat -el reino exterior de los hombres- constituía el núcleo de la sociedad confuciana. Tanto si eres rico como si eres pobre, emperador o esclavo, la esfera doméstica pertenece a las mujeres y la esfera exterior a los hombres. Las mujeres no deben salir de sus cámaras interiores ni siquiera mediante la imaginación. Entendía asimismo los dos ideales confucianos que gobernaban nuestra vida. El primero lo formaban las Tres Obediencias: «Cuando seas niña, obedece a tu padre; cuando seas esposa, obedece a tu esposo; cuando seas viuda, obedece a tu hijo.» El segundo correspondía a las Cuatro Virtudes, que definen el comportamiento, la forma de hablar, el porte y la ocupación de las mujeres: «Sé sobria, comedida, sosegada y recta en tu actitud; sé serena y agradable en tus palabras; sé contenida y exquisita en tus movimientos; sé perfecta en la artesanía y el bordado.» Si las niñas no se apartan de esos principios, se convierten en mujeres virtuosas.

El abanico de seda. Lisa See.

El monte Moncayo


El monte Moncayo

Queridos amigos:

El tiempo, que hasta aquí se mantenía revuelto y mudable, ha sufrido últimamente una nueva e inesperada variación, cosa, a la verdad, poco extraña a estas alturas, donde la proximidad del Moncayo nos tiene de continuo como a los espectadores de una comedia de magia, embobados y suspensos con el rápido mudar de las decoraciones y de las escenas. A las alternativas de frío y de calor, de aires y de bochorno de una primavera, que en cuanto a desigual y caprichosa nada tiene que envidiar a la que disfrutan ustedes en la coronada villa, ha sucedido un tiempo constante, sereno y templado. Merced a estas circunstancias y a encontrarme bastante mejor de las dolencias que, cuando no me imposibilitan del todo, me quitan por lo menos el gusto para las largas expediciones, he podido dar una gran vuelta por estos contornos y visitar los pintorescos lugares del Somontano. Fuera del camino, ya trepando de roca en roca, ya siguiendo el curso de alguna huella o las profundidades de una cañada, he vagado tres o cuatro días de un punto a otro por donde me llamaban el atractivo de la novedad, un sitio inexplorado, una senda quebrada, una punta al parecer inaccesible.

No pueden ustedes figurarse el botín de ideas e impresiones que, para enriquecer la  maginación, he recogido en esta vuelta por un país virgen aún y refractario a las innovaciones civilizadoras.

Cartas desde mi celda. Gustavo Adolfo Bécquer

 

 

 

De parte de la princesa muerta


Las hijas de Alá

“Gracias Princesa, por ser tan soñadora y romántica….tan humana, tan tierna. Has sido como un “regalo”, que me proporcionó una antigua biblioteca, de ésas que guardan tantos tesoros en sus estantes, fue tan especial descubrirte en los “mares” de la vida… Una vez más, constaté cuan unidos estamos todos por las mismas pruebas, por dolores intensos y alegrías fugaces…”

De parte de la princesa muerta. Kenizé Mourad 

Chambers of the Boheme


Chambers of the Boheme

Después de una llegada a Estambul un tanto accidentada tras una carrera en camioneta por las empinadas calles de la ciudad, nos acogieron con amabilidad en el hostal Chambers of the Boheme. Este hostal, ubicado en la popular y alegre zona de Taksim en el barrio de Beyoglu, nos sirvió de hogar durante una semana. Gracias a las paternales atenciones del dueño, que nos regalaba sopa caliente para cenar y indicaciones utilíisimas para no caer en manos de los pillos y desaprensivos que hay en toda ciudad turística, nuestra estancia fué inolvidable. El ambiente era tan familiar y acogedor que o bien te encontrabas a la camarera cantando mientras servía la cena o al hijo del dueño llevando las cuentas en una mesa del salón comedor que todos los huéspedes utilizábamos. Nunca he entendido a los turistas que escogen alojamientos de recepciones frías y habitaciones asépticas, alejadas de toda costumbre y sabor local.

La última misa en Santa Sofía de Constantinopla


Pasadizo de Santa Sofía

 

“Cuando los turcos entraron en Santa Sofía, aún no había terminado la liturgia. De repente, el sacerdote que oficiaba la misa cogió el cáliz, subió a la catecumenia y entró por una puerta que se cerró tras de sí. Los turcos que lo perseguían vieron cómo desaparecía y encontraron ante sí un muro. Intentaron demolerlo con sus armas, pero no pudieron. Hicieron venir a unos albañiles pero ellos tampoco pudieron hacer nada. Finalmente, llamaron a todos los albañiles de Constantinopla […] pero todos sus esfuerzos fueron inútiles. Ni con palancas ni con todas sus herramientas consiguieron demoler aquel muro. Y es que es voluntad de Dios que la puerta se abra sola cuando llegue el momento, y salga por ella el sacerdote para acabar la misa el día que recuperemos Constantinopla”

Leyenda de la última misa celebrada en el templo

Leyenda de Santa Sofia


 

Leyenda de Santa Sofía“El día que fue tomada la ciudad cargaron en un barco el altar de Santa Sofía para enviarlo a la tierra de los francos y que así no cayera en manos de los turcos. Allí, sin embargo, en el mar de Mármara, se abrió el casco de la nave y el altar se hundió en el mar. Desde entonces aquel lugar es famoso por su paz y por el delicioso aroma que exhala, el agua está siempre tranquila, como si fuera aceite, por más que haya tormentas y olas a su alrededor. Muchos incluso han tenido la suerte de ver el altar sagrado en el fondo del mar. Así cuando reconquistemos la Ciudad, éste será recuperado y llevado nuevamente a Santa Sofía para celebrar en él la fiesta de la reconquista”

Fragmento de una leyenda estambulí

 

Estambul


Estambul“Lo que yo temía no era a Dios, sino la rabia que sentían los que creían demasiado en él hacia gente como yo. La estupidez de aquella gente excesivamente pía, cuya inteligencia nunca podría compararse -que Dios me perdone- con la de ese Dios en el que con tanto amor creían, era la segunda razón de mi miedo. Durante años tampoco me abandonó el temor a ser castigado por no ser “como ellos” y ese pensamiento tuvo una influencia más decisiva en que durante mi primera juventud me atrajeran las ideas de izquierdas que todos los libros teóricos que leí”

Estambul. Ciudad y recuerdos. ORHAN PAMUK

 

Rincón de Estambul


Rincón de Estambul

 “Puede que las auténticas razones no fueran ni la pobreza de Estambul ni el sentimiento de amargura que la ciudad llevaba sobre sus hombros como una carga destructiva. Mi deseo, cada día más frecuente de retirarme en ocasiones a un rincón, como un animal herido, moribundo, y de quedarme solo, quizá no me viniera de fuera sino directamente de dentro de mí. Entonces ¿qué eran todas esas cosas que tanto me amargaba perder?¿De qué o de quién me  entristecía tanto apartarme?”

Estambul. Ciudad y Recuerdos

Orhan Pamuk

Autorretrato en un espejo / Self-portrait in a mirror


Autorretrato en un espejo

“Se puede captar el presente, el pasado y el futuro de una persona con una sola fotografía” dice la fotógrafa Sally Mann. Observando este autorretrato hecho en Londres hace ya siete años, adivino algunas historias que en el momento de tomar la imagen aún estaban por venir. Me divierte analizar los pequeños detalles que hablan por sí solos. Los espejos convexos me impulsan a disparar la cámara, como si tuviera la oportunidad de captar algún reflejo de algo enigmático, quizás invisible que en otros espejos no se puede ver. En la Edad Media se creía que las imágenes formadas en una bola de cristal o en un espejo eran causadas por Dios o por los malvados demonios que habían quedado atrapados por la magia.  Y ahí estoy yo, disparando a mi bola de cristal.

 

Casa desolada de Charles Dickens / Bleak House by Charles Dickens



Casa Desolada de Dickens

La «residencia» de Milady Dedlock ha estado de lo más lúgubre. Desde hace muchos días y muchas noches, hace un tiempo tan húmedo que los árboles parecen estar saturados y que las ramas cortadas blandamente por el hacha del leñador no hacen el menor ruido al caer. Cuando saltan los ciervos, empapados, hacen saltar el agua a su paso. El disparo de una escopeta pierde su mordiente en el aire saturado de agua, y su humo asciende en una nubecilla perezosa hacia la pendiente verde, coronada por un bosquecillo, que constituye el telón de fondo de la lluvia. La vista desde las ventanas de Milady Dedlock es, según los momentos, un panorama de plomo o de tinta china.

Charles Dickens

Casa desolada de Charles Dickens / Bleak House by Charles Dickens


Casa Desolada

“Resultó interesante, cuando me vestí antes del amanecer, mirar por la ventana, donde mis velas se reflejaban como dos faros en los cristales negros, y vi que todo lo que había
más allá estaba todavía envuelto en la misma densidad que anoche, ver después cómo iba cambiando con la llegada del día.

A medida que se iba aclarando gradualmente la perspectiva, y se revelaba la escena que había recorrido el viento en la oscuridad, igual que mi memoria había recorrido mi vida, sentí placer al ir descubriendo los objetos desconocidos que me habían rodeado durante el sueño”

Casa Desolada. Dickens

Shakespeare & Company


Shakespeare & Company

Shakespeare & Company es un laberinto de libros escritos en lengua inglesa, un refugio para los amantes de la lectura y un lugar acogedor de un librero hospitalario que ha dejado escrito en la pared de su establecimiento : “Be not inhospitable to strangers lest they be angels in disguise” (Sé hospitalario con los extraños ya que pueden ser ángeles disfrazados). Por esta libreria han desfilado nombres como los de Henry Miller, Anaïs Nin, Ray Bradbury, Lawrence Ferlinghetti, André Malraux, Pablo Neruda o James Baldwin y ofrece numerosos eventos literarios. George Whitman fué su fundador, un viajero y lector infatigable, y la abrió en 1951 en París, a la sombra de Notre-Dame. Entonces se llamaba Le Mistral y le cambió el nombre en 1964 cuando se celebraba el 400 cumpleaños de William Shakespeare y en honor a una vendedora de libros, la conocida Sylvia Beach que fundó la Shakespeare & Company original y por la que circulaban escritores como Joyce, Hemingway, Fitgerald, Stein… Cuando se le pregunta a este librero americano el porqué de Shakespeare &Company, él contesta: “He creado esta tienda de libros como un hombre que escribe una novela, construyendo cada habitación como un capítulo, y me gusta la gente que abre la puerta igual que abre un libro, un libro que les conduce a un mundo mágico en su imaginación”. Al fondo de la librería hay un espejo con citas y fotografías de escritores y artistas que le gustan, junto a un pequeño piano que algún cliente siempre aprovecha para hacer sonar y un cómodo sillón de mimbre para repantingarse si a una le apetece. Subiendo una escalerita de madera se accede al segundo piso donde hay un rincón para libros infantiles.Y aún hay otro piso donde se invita a escritores famosos y jóvenes promesas a pernoctar,  y que presentan sus obras en la librería. Si pasas por París, te aconsejo visitar este lugar y pasarte un rato curioseando, leyendo o comprando algún libro, aunque sea de segunda mano y así comprobar la verdad de este poema que alguien escribió en su honor: “If you ever come to Paris/On a cold and rainy night/ & find the Shakespeare store/ it can be a welcome sight”.

Historia en un museo / Story in a museum


Historia en un museo

En mis fotografías me encuentro a menudo historias a medio contar y en ellas aparecen personas, imágenes, objetos que me gusta que queden extrañamente unidos. Otras veces, no soy consciente del porqué de esa imagen en el momento de captarla, pero al revisarla veo una historia interesante.A mi me gustan las historias que van en diversas direcciones. Los museos es un lugar ideal para encontrar este tipo de historias. Las historias paralelas. En este caso, por un lado está la historia de una joven pareja en la que ella parece tratar de hacerse entender, y por otro lado está la historia que aparece en el cuadro, la de una mujer sola ante un público. Hay una tercera historia, la historia que intuye o entiende el espectador. Todas esas historias unidas en un instante, en el tiempo, son como un libro que nos cuenta lo que realmente queremos escuchar o leer.Tal vez, nuestra propia historia.

Viajar / Travel


Siempre Viajar


Yo estaría siempre viajando y en cuanto puedo me muevo hacia alguna parte para conocer nuevos lugares, nuevas formas de pensar. Necesito a menudo cambiar de perspectiva, creerme ciudadana, indígena, nacida en otro lugar, con una nueva identidad, como partiendo de cero, y convertir las calles, los espacios nuevos, las costumbres, las lenguas, las gentes en parte de una cotidianidad breve, en parte inventada. Hay lugares en los que he estado, lejos de mi casa, en que me he sentido como en casa, me han sido extrañamente familiares. Lugares que siempre pensé que me serían ajenos: Casablanca, el barrio Greenwich de Nueva York, la ciudad de Qufu en China, la ciudad de Nizny Novgorod en Rusia…Quizás tenga que ver el hecho de haber interactuado llanamente con sus gentes, personas con las que he conectado de inmediato y con las que hablaría durante horas, a causa de una curiosidad mutua con las que no queda más remedio que hablar de tú a tú, ya que cualquier referencia o prejuicio sobre la clase social, profesional o personal más inmediata queda diluida. Se impone la necesidad de comunicarse y un encuentro casual se convierte en un acontecimiento digno de recordar. Recuerdo la mujer romana que me encontré en Trastevere y me invitó a su casa a comer spaghetti a lla rabiatta, el viaje de 15 horas en un tren hacia el sur de China mirando El Padrino en el portátil de un chico chino amabilísimo y comiendo fideos picantes, la noche de karaoke con tres ingenieros rusos divertidísimos, la encantadora señora irlandesa que conocimos en una estación de Belfast y nos acogió en su casa durante cuatro dias ya que todos los hoteles estaban llenos ( corría el año 95,se había anunciado una larga tregua del IRA en Irlanda del Norte, lugar en el que los mismísimos irlandeses nos advirtieron como peligrosísimo por aquel entonces y a todo el mundo se le había ocurrido celebrarlo “in situ”), los pescadores senegaleses que nos invitaron a su casa construida en un árbol y nos cocinaron carpa con patatas…No son personas mejores que las que viven aquí, desde luego,puede que sea yo la que me vuelva mejor cuando viajo, pero si es cierto que en nuestro día a día somos recelosos, poco comunicativos, un tanto apáticos…Será que la rutina embota el cerebro. Por eso, me consuela viajar cada día en tren a mi lugar de trabajo, y con la música de mis auriculares y un buen libro puedo revivir algunos momentos de viajes más emocionantes. El sentarse al lado de la ventana es un detalle esencial y el llevar el termo de té caliente lo mejora, y como no es posible siempre viajar a lugares lejanos, un buen libro es un buen sustituto. Como viajar es moverse, y el tren, mi forma de transporte preferida, de momento, me conformo

Leyendo el Libro de Lugares y Mares Raros / Reading the book of rare places and seas


 

Leyendo el libro de los lugares raros

A comienzos del verano los bosques y hierbas prosperan,alrededor de mi cabaña abundan las ramas y las sombras.

Numerosos pájaros se deleitan en sus santuarios,y yo también amo mi cabaña.

Después que he arado y sembrado,vuelvo y leo mis libros.

El sendero estrecho sin huellas profundas,frecuentemente ha hecho regresar el carruaje de un amigo.

Alegremente sirvo mi vino de primavera,y junto la lechuga que crece en mi huerta.

Una lluvia fina llega desde el Este,y la sigue un dulce viento.

Ociosamente leo las leyendas del rey Chou,y miro el mapa de los lugares raros.

En un momento estoy volando a través del Universo.¿Cómo un hombre así podría ser infeliz?

Tao Yuan-ming (372-427 d. de C.)

Sinfonía de la Resistencia / Resistance Symphony


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Estos niños de una calle de Fez me inspiran este hermoso poema del escritor marroquí Abdellatif Laâbi, que fué torturado y encarcelado durante 10 años por sus “delitos de opinión”:

 No es una cuestión de hombros, ni de bíceps

la carga del mundo
Los que la llegan a llevar
son a menudo los más frágiles
Ellos también están sujetos al miedo
a la duda
al desánimo
y llegan a veces a maldecir
la Idea o el Sueño espléndidos
que les expusieron
al fuego de la gehena
Pero si se doblan
no se rompen
y cuando por frecuente desgracia
se les corta y mutila
esos juncos humanos
saben que sus cuerpos horadados
por la traición
se convertirán en otras tantas flautas
que unos pastores del alba se llevaran a la boca
para captar
y escoltar hasta las estrellas

la sinfonía de la resistencia. 

 

El Jardín Secreto / The Secret Garden


El Jardín Secreto

Hacia el sur de Central Park en la ciudad de Nueva York, se encuentra esta fuente llamada “El Jardín Secreto” . Representa a dos niños, Mary y Dick, personajes del libro de Frances Hodgson Burnett. Un libro entrañable que explica cosas tan sencillas como extraordinarias:

“Desde el principio de todos los tiempos, durante todos los siglos, se han descubierto cosas maravillosas. El siglo pasado se descubrieron muchas más cosas sorprendentes que en el siglo anterior. En este nuevo siglo cientos de cosas aún más extraordinarias saldrán a la luz. Al principio la gente se niega a creer que puedan hacerse cosas nuevas y extrañas, luego empiezan a tener la esperanza de que no sean posibles, después ven que sí se pueden hacer… y luego ven que ya están hechas y el mundo se pregunta por qué no se hizo hace siglos. Una de las cosas  nuevas que la gente empezó a descubrir el siglo pasado fue que los pensamientos (sólo simples pensamientos) eran tan poderosos como las pilas eléctricas, tan buenos para uno como la misma luz del sol, o tan  malos como el propio veneno. Permitir que un pensamiento triste o malo penetre en la mente es tan peligroso como dejar que un microbio de escarlatina entre en tu cuerpo. Y si se permite que se quede allí una vez ha entrado, es posible que nunca nos podamos librar de él en todos los años de nuestra vida.

Mientras la mente de la señorita Mary estuvo llena  de pensamientos desagradables sobre lo que no l e gustaba y de agrias opiniones sobre la gente, y se obstinó en no ser complacida por nada o en no interesarse en algo, fue una niña de piel de color de cera, enfermiza, aburrida y desgraciada. Las circunstancias, no obstante, le habían sido favorables aunque no se diera cuenta.

Empezaron a empujarla hacia su propio beneficio. Cuando se le fue llenando la mente de petirrojos y casitas del páramo llenas de niños, de viejos y agriados jardineros, de vulgares criadas de Yorkshire, de la llegada de la primavera y de jardines secretos que revivían día tras día, y del chico del páramo y sus criaturas, ya no quedaba sitio para aquellos pensamientos malos que le afectaban el hígado y le desarreglaban  la digestión, le daban aquel color amarillo a la cara y le hacían sentirse cansada.

Y mientras Colin, pues… mientras se ocultó en su habitación pensando sólo en sus temores y debilidades, en su odio hacia la gente que le miraba, y pensaba cada hora en bultos en la espalda y muertes prematuras, no fue más que un chico hipocondríaco, histérico y algo loco, que desconocía el sol y la primavera, y que tampoco sabía que podía ponerse bueno y aguantarse con sus pies si lo intentaba. Cuando los pensamientos nuevos y agradables empezaron a desplazar a los anteriores, horribles y antiguos, la vida volvió a él, y la sangre empezó a correrle sanamente por las venas y la fuerza penetró en él como un torrente. Su experimento científico fue bastante práctico y sencillo, y no tenía nada de extraño.

Cosas mucho más sorprendentes le pueden suceder a alguien que, cuando un pensamiento desagradable o descorazonador penetra en su mente, tiene el buen juicio de acordarse a tiempo y echarlo fuera, sutituyéndolo por otro agradable y decididamente valeroso. Dos cosas no pueden estar en un mismo lugar:

Donde plantes una rosa, hijo mío,
no podrá crecer un cardo […]”

Virginia


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” El sol no había nacido todavía. Hubiera sido imposible distinguir el mar del cielo, excepto por los mil pliegues ligeros de las ondas que le hacían semejarse a una tela arrugada. Poco a poco, a medida que una palidez se extendía por el cielo, una franja sombría separó en el horizonte al cielo del mar, y la inmensa tela gris se rayó con grandes líneas que se movían debajo de su superficie, siguiéndose una a otra persiguiéndose en un ritmo sin fin. Al aproximarse a la orilla, cada una de ellas adquiría forma, se hinchaba y se rompía arrojando sobre la arena un delgado velo de blanca espuma. La ola se detenía para alzarse enseguida nuevamente, suspirando como una criatura dormida cuya respiración va y viene inconscientemente. Poco a poco, la franja oscura del horizonte se aclaró: se hubiera dicho un sedimento depositado en el fondo de una vieja botella, dejando al cristal su transparencia verde. En el fondo, el cielo también se hizo translúcido, cual si el sedimento blanco se hubiera desprendido o cual si el brazo de una mujer tendida debajo del horizonte hubiera alzado una lámpara, y bandas blancas, amarillas y verdes se alargaron sobre el cielo, igual que las varillas de un abanico. Enseguida la mujer alzó más alto su lámpara y el aire pareció dividirse en fibras, desprenderse de la verde superficie en una palpitación ardiente de fibras amarillas y rojas, como los resplandores humeantes de un fuego de alegría. Poco a poco las fibras se fundieron en un solo fluido, en una sola incandescencia que levantó la pesada cobertura gris del cielo transformándola en un millón de átomos de un azul tierno. La superficie del mar fue adquiriendo gradualmente transparencia y yació ondulando y despidiendo destellos hasta que las franjas oscuras desaparecieron casi totalmente. El brazo que sostenía la lámpara se alzó todavía más, lentamente, se alzó más y más alto, hasta que una inmensa llama se hizo visible: un arco de fuego ardió en el borde del horizonte, y a su alrededor el mar ya no fue sino una sola extensión de oro. La luz golpeó sucesivamente los árboles del jardín iluminando una tras otra las hojas, que se tornaron transparentes. Un pájaro gorjeó muy alto; hubo una pausa: más abajo, otro pájaro repitió su gorjeo. El sol utilizó las paredes de la casa y se apoyó, como la punta de un abanico, sobre una persiana blanca; el dedo del sol marcó sombras azules en el arbusto junto a la ventana del dormitorio. La persiana se estremeció dulcemente. Pero todo en la casa continuó siendo vago e insustancial. Afuera, los pájaros cantaban sus vacías melodías. 

 Las Olas. Virginia Woolf.

Si, después que yo muera, se quisiera escribir mi biografía…


Si después que yo muera, se quisiera escribir mi biografía...

Si, después que yo muera, se quisiera escribir mi biografía,
Nada sería más simple.
Exactamente poseo dos fechas -la de mi nacimiento

y  la de muerte.
Entre una y otra todos los días me
pertenecen.

 

Soy fácil de describir.
He vivido como un loco.
He amado a las cosas sin ningún sentimentalismo.
Nunca tuve un deseo que no pudiera colmar, pues nunca anduve ciego.
Incluso escuchar para mí fué nada más que un complemento del ver.
Comprendí que las cosas son reales y totalmente diferentes una de otra:
Lo comprendí con los ojos, jamás con el pensamiento.
Comprenderlo con el pensamiento hubiera sido encontrarlas
todas iguales.

Un día me sentí dormido como un niño.
Cerré los ojos y dormí.
Y, a propósito, yo era el único poeta de la Naturaleza.

 

Fernando Pessoa

 

 

 

 

 

Tao Te Ching


 Tao Te Ching

Los hombres nacen suaves y blandos;
muertos, son rígidos y duros.
Las plantas nacen flexibles y tiernas;
muertas, son quebradizas y secas.

 Así, quien sea rígido e inflexible

es un discípulo de la muerte.

Quien sea suave y adaptable
es un discípulo de la vida.

 Lo duro y rígido se quebrará.

Lo suave y flexible prevalecerá.

Sombra de Cagliari


Sombra

La soleada ciudad de Cagliari tiene sombras espesas que se extienden por las paredes irregulares de los callejones. El insistente tañir de las campanas, los borreguitos de azúcar y los cestos de mimbre llenos de palmas que se venden en la entrada de todas las iglesias son suficientes para sentir que se participa de la semana santa por muy ateo que uno sea. Se presta poca atención a la isla de Cerdeña, por lo que una se siente una privilegiada al no coincidir más que con los lugareños. Cagliari se esconde, y deja que Roma, Milán o Nápoles sean más expansivas. Muy cerca, en las playas está el paraíso, tan perfecto y solitario que parece que uno no se lo merezca. Y me digo: que las gentes se gasten la pasta para ir a Hawai o a las Seychelles, yo me quedo en Cerdeña.

La Gran Muralla


La Gran Muralla

 

 

La Gran Muralla China, uno des esos lugares con los que uno sueña y que no deja de imaginar como fue posible construir algo así.

Hay tramos un tanto difíciles, de bloques irregulares y desgastados por el paso del tiempo , las tormentas, el viento, las inundaciones…No tenia el calzado adecuado, pero como soy más tozuda que una mula torda, caminé poco a poco, peldaño a peldaño, haciendo fotos aquí y allá y esquivando a los numerosos vendedores ambulantes de postales y sombrillas que aparecían súbitamente de detrás de las torres. En este tramo de Simatai hay que andar a veces a gatas a causa de la inclinación exagerada del terreno, ya que esta parte del recorrido fue construida sobre colinas. Horas de subir y bajar. Imaginando los ejércitos mongoles con sus catapultas y sus flechas, me detuve a observar la interminable serpiente gris. ¡Y pensar que muchos de los pobres esclavos eran utilizados una vez muertos para amortiguar el peso de las piedras…Más de 21.ooo km de sangre, sudor y lágrimas para defenderse de los bárbaros del norte!

Rincón perdido en Irlanda


Ya no recuerdo a que lugar exacto pertenece este rincón perdido. Me adentré en un bosque en Irlanda y caminé durante horas. Esto me encontré. El sonido de las hojas crujiendo bajo mis pies y el viento entre las ramas. Olía a tierra mojada y a boñiga de vaca. El verde de Irlanda que os tenéis que imaginar, lo envuelve todo y a todos. Y no hay diferencia entre un coche y una tumba

Un rincón perdido en el bosque

Fotografía de una tumba irlandesa y poema de W.B.Yeats


Tumba

Bajo Ben Bulben (De Last Poems)
Muchas veces un hombre vive y muere
Entre sus dos eternidades,
Aquella de  la raza y la del alma,
Mas ambas, la vieja Irlanda comprende.
Y ya sea que expire estando en cama
O de un disparo caiga muerto,
A una breve separación de los suyos
Es lo peor que ha de temer.
Aunque la faena del sepulturero sea larga y dura
Aguzada la pala, el músculo tenso,
No hace sino empujar al inhumado cuerpo
De vuelta a la mente humana.

 

 

Villa Adriana


Villa Adriana

En Villa Adriana, todo parece estar abandonado a su suerte y aún así ese lugar mantiene una misteriosa belleza. Es la belleza que proviene de la derrota de los hombres y le da la razón a lo esencial,a la verdad. Porque el ser humano es pequeño y está perdido si confía en su propia grandeza y en la pompa que conlleva. Este solitario lugar refleja todo eso y más. El gran Adriano que era el más poderoso de los hombres, el más culto, el más querido muere dejando este poema antes de expirar:

Pequeña alma, blanda,

errante huésped y amiga del cuerpo. 

¿Dónde morarás ahora 

Pálida, rígida, desnuda

Incapaz de jugar como antes…?

 

 

 

 

 

 

 

Horas venecianas


“Ciertas imágenes mentales surgen frente al coleccionista de recuerdos por la mera mención, oral o escrita de los lugares que ha amado. Cuando escucho, cuando veo el nombre mágico que he escrito sobre estas páginas, no pienso en la gran plaza, con su extraña basílica y sus elevadas arcadas, ni en la amplia desembocadura del Gran Canal, con la majestuosa escalinata y la elegante cúpula de la Salute; no es en la laguna baja ni en la dulce Piazzetta, ni tampoco en las oscuras naves de San Marcos. Sencillamente veo un estrecho canal en el corazón de la ciudad –una pincelada de agua verde y un fragmento de fachada rosa-. La góndola se desliza lentamente; describe un suave giro,pasa bajo un puente y el grito del gondolero sobre las tranquilas aguas salpica en la quietud. Una niña cruza el puentecito, arqueado como la joroba de un camello, con un viejo chal sobre la cabeza que la hace típica y encantadora, recortándose en el cielo para quién se desliza debajo. El rosa del viejo muro parece llenar todo el lugar hasta hundirse en el agua opaca. Detrás del muro hay un jardín del cual se escapa el largo brazo de una rosa blanca de junio –las rosas venecianas son espléndidas- como ornamento espontáneo. Al otro lado del muro hay una estropeada fachada con ventanas góticas y balcones –balcones de los que cuelga ropa sucia y bajo los que se abre una entrada cavernosa cubierta sobre unos escalones cubiertos de fango-. Hace mucho calor y el canal tiene un extraño olor pero todo el lugar destila tranquilidad y encanto.”

Henry James

Horas venecianas

Christopher Park


 Christopher Park

En el barrio de Greenwich Village de Nueva York hay esta pequeña plaza con esculturas de piedra blanca, Christopher Park. Los niños están jugando y riendo escandalosos, los maestros están ausentes. La presencia de las esculturas urbanas añade el toque de extrañeza del mundo adulto. Ahí están desencantadas, imperturbables, las escultura de la liberación gay “Gay Liberation Statues” , parecen estar atrapadas, no liberadas. No sé en que estaba pensando George Segal cuando las hizo en 1969. Son parejas que se profesan un amor tierno, tranquilo como sus gestos, pero sus expresiones y su pose contrastan con el ritmo alegre de estos pequeños intrusos.

 

Desde una colina de Fez


En la colina de Fez

 Para observar Fez solo hay que subir a uno de los miradores. Desde allí no se aprecia el caos de la ciudad y se pasan unas horas tranquilas, en las que el paisaje y sus gentes te transportan al pasado. Fez es una de las ciudades en las que aún es fácil mirar como lo hacían siglos atrás. Tahar Ben Jelloun, un escritor marroquí relata así el Marruecos de su infancia. Este pequeño fragmento podría ilustrar esta imagen y la emoción que sentí entonces: “Aquella época sabía a miel y a aceite de argán. Recordaba las comidas tras sacar el ganado a pastar. Su prima le llevaba una bandeja, té con hierbabuena muy azucarado, tortas, aceite y miel, y, de vez en cuando, un poco de amlu, una especie de pastapara untar, a base de almendras, de aceite de argán y de especias. Eran unas mañanas frescas y silenciosas”