Desde Kedougou


No hemos desayunado. No tenemos dinero para el 4×4. -Yo tengo una moto y mi hermano Hammat tiene otra-nos dice Danni Diallo, el encargado del hostal. Tenemos que negociar y no somos muy buenas regateando. Después de hacernos las remolonas, decidimos cruzar en moto el País Bassari y …a donde lleguemos. Son pocas horas de viaje.  – ¿Con estas motos? – Si, con estas motos. La carretera asfaltada de Kedougou desaparece, y en su lugar empieza la tierra roja repleta de enormes charcos. Nuestros “guías” sortean los charcos casi sin mirar, silbando divertidos y saludando a la gente de los poblados de aquí y de allá. Los niños nos persiguen corriendo y gritando como locos : ¡Toubab! ¡Toubab!. Sorteamos con la moto manadas de vacas, de cabras, de ovejas. Se nos cruza una serpiente velocísima, que por poco nos hace caer y de repente, se pone a llover, a cántaros. El paisaje es magnífico, alucinante. Me siento afortunada. No llevo impermeable

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