Estación Porto Príncipe en Génova


No sabría decir porque me gustan tanto las estaciones de tren, ni porque me siento tan cómoda en ellas. Supongo que me gusta esa sensación de temporalidad y de lugar de paso en que nada es definitivo.

La incertidumbre de la llegada de la máquina, a veces tan fastidiosa en nuestra vida cotidiana, en vacaciones se presenta como un momento lleno de promesas y de estar fuera del tiempo. Mis mejores amigos los he hecho dentro de un tren, en conversaciones que aparentemente no llevan a ningún sitio. No es la primera vez que me equivoco de tren y tengo que volver a recorrer el camino ya hecho y volver a coger otro . Eso me ocurrió hace poco cuando confundí Genève (Ginebra) con la Génova italiana. Reaccioné al cabo de hora y media al descubrir por la ventanilla que no era un paisaje soleado y porteño lo que veía sino los brumosos paisajes alpinos. Pero nunca me he arrepentido al equivocarme de trayecto. Tantas veces en la vida tenemos que volver para atrás porque no tomamos conciencia del viaje sino del destino.

Estación de Porto Príncipe en Génova

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